DOCUMENTO SOBRE LA GUERRA FÍA. Hobsbawn, Eric, Historia del Siglo XX, Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998. Página 229-233
Los cuarenta y cinco años transcurridos entre la
explosión de las bombas atómicas (1945) y el fin de la Unión soviética (1991)
no constituyen un periodo de la historia homogéneo y único… Sin embargo, la
historia de este periodo en su conjunto siguió un patrón único marcado por la
peculiar situación internacional que lo dominó hasta la caída de la URSS: El
enfrentamiento constante de las dos superpotencias surgidas de la segunda
guerra mundial, la denominada Guerra Fría.
“La guerra no consiste sólo en
batallas, o en la acción de luchar sino que es un lapso de tiempo durante el
cual la voluntad de entrar en combate es suficientemente conocida” (Hobbes,
capítulo 13)
La guerra fría entre Estados Unidos y la URSS fue un periodo de
tiempo con esas características. Generaciones enteras crecieron bajo la amenaza
de un conflicto nuclear global que, tal como creían muchos, podía estallar en
cualquier momento y arrasar a la humanidad. La singularidad e la guerra fría
estribaba en que, objetivamente hablando, no había ningún peligro inminente de
guerra mundial. Más aun: pese a la retórica apocalíptica de ambos bandos, sobre
todo del lado norteamericano, los gobiernos de ambas superpotencias aceptaron
el reparto global de fuerzas establecido al final de la segunda guerra mundial.
La URSS dominaba o ejercía una influencia preponderante en una parte del globo:
la zona ocupada por el ejército rojo y otras fuerzas armadas comunistas al
final de la guerra, sin intentar extender más allá su esfera de influencia por
la fuerza de las armas. Los Estados Unidos controlaban y dominaban el resto del
mundo capitalista, además del hemisferio occidental y los océanos, asumiendo
los restos de la vieja hegemonía imperial de las antiguas potencias coloniales.
En contrapartida, no intervenían en la zona aceptada como hegemonía soviética.
La delimitación de influencias estaba clara en Europa y en Japón… La disputa
por la influencia se manifestaría en los antiguos imperios coloniales, que
para1945, en el caso de Asia ya se avizoraban síntomas de desintegración. Como
la orientación futura de los nuevos estados poscoloniales no estaba clara, fue en
esta zona donde las dos superpotencias siguieron compitiendo en busca de apoyo
e influencia durante toda la guerra fría, allí era donde resultaban más
probables los conflictos armados que acabaron por estallar (Corea y Vietnam son
los más característicos) … La paz se mantuvo durante la guerra fría porque a
pesar de la retórica utilizada por ambas parte, ninguna de ellas estaba
dispuesta a llegar al enfrentamiento directo, por tanto, una de las premisas
durante este periodo era que la coexistencia pacífica entre ambas potencias era
posible. … Como ejemplos claros de esta situación tenemos la Guerra de Corea en
1950-53 y la crisis de los misiles en Cuba en 1962. En ambos casos las partes
no se arriesgaron a comenzar el enfrentamiento directo porque conocían los
riesgos que ello significaba. En el caso de Corea, Estados Unidos participó
directamente, mientras que la URSS lo hizo de manera encubierta a través de los
Chinos.
Esa situación la sabían los norteamericanos, pero se mantuvo en secreto
porque se dedujo que lo último que quería Moscú era un enfrentamiento abierto.
En la crisis de los misiles en 1962 ambas partes retrocedieron y lograron salir
del problema sin verse involucrados en la guerra directa. …
La URSS aprendió
durante la guerra fría que los llamamientos de Estados Unidos a “hacer
retroceder al comunismo” no eran más que propaganda, ya que lo que primaba
realmente era el respeto a la esfera de influencia soviética Una vez que la
URSS se hizo con armas nucleares, atómica 1949, hidrógeno 1953, ambas superpotencias
dejaron de utilizar la guerra como arma política en sus relaciones mutuas, pues
era el equivalente a un pacto suicida. Sin embargo, ambas superpotencias se
sirvieron de la amenaza nuclear… la confianza de que no se utilizarían parecía
estar justificada, pero al precio de desquiciar los nervios de varias
generaciones. El ejemplo más significativo es la crisis de los misiles cubanos.
Libro: Hobsbawn, Eric, Historia del Siglo XX, Editorial Crítica, Buenos
Aires, 1998. Página 229-233
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