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domingo, 7 de febrero de 2021

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Historia Antigua y Medieval. Textos. Tema 25 y 26. El sistema del colonato.

Oposición Geografía e Historia. Recursos didácticos. Prácticas de Historia: Historia Antigua y Medieval (Textos) Temas 25 y 26

Texto de Salviano, obispo de Marsella, sobre la transición al colonato 

Agobiados por los impuestos, indigentes por la injusticia de las leyes [...], se entregan a los grandes para ser protegidos, se hacen dependientes de los ricos y pasan a estar bajo su poder arbitrario y su dominio [...]. Sin embargo, yo no juzgaría esto grave o indigno, más bien me felicitaría de esta grandeza de los poderosos a los que los pobres se entregan, si no fuera porque venden sus patrocinios, si fuera por sus sentimientos humanitarios y no por su avaricia por lo que defienden a los humildes. Parecen proteger a los pobres para despojarlos, pues todos los que parecen ser defendidos entregan casi todos sus bienes a sus defensores antes incluso de ser defendidos [...]. ¿No es inaceptable y horrible -no digo que los espíritus humanos no puedan soportarlo, sino que es difícil entenderlo- que los más pobres y miserables, despojados de sus débiles recursos y arrojados de sus escasos campos, estén, sin embargo, obligados después de haber perdido sus bienes, a pagar el impuesto de estos bienes que ya no tienen? Usurpadores duermen sobre sus bienes y los desgraciados pagan el tributo en vez de los tales usurpadores [...]. Éstos a los que la usurpación a arrancado sus bienes, la exigencia de los impuestos les arranca también la vida. Así que algunos, más alertados, cuando pierden sus escasos bienes, huyen ante los perceptores de impuestos y llegan a los dominios de los grandes y se hacen colonos de los ricos. Y con frecuencia, aquellos que huyen desesperadamente hacia cualquier refugio, por miedo a sus enemigos o porque han perdido la integridad de su estatuto de hombres libres, se unen a la categoría abyecta de los inquilini (colonos), obligados por la necesidad, de tal forma que, despojados tanto de sus tierras como de su condición [...], se ven privados de todo, hasta de la libertad".  Salviano, obispo de Marsella. Sobre el gobierno de Dios.

CLASIFICACIÓN: 

Nos encontramos ante una fuente primaria pues el autor es contemporáneo a los hechos. Al describir el proceso de formación de un hecho histórico, el proceso de formación del sistema de colonato, podemos considerar como historiográfica. Se trata de un fragmento de la obra Sobre el gobierno de Dios, cuyo autor es el obispo de Marsella, Salviano. Fue escrito hacia el 450 d. C., constaba de 8 tomos. En esta obra trata de explicar la crisis del Imperio Romano del siglo V y las consecuencias de la mismo. Es, por tanto, una fuente pública que tiene una intención didáctica y divulgativa dirigida a un público erudito.

ANÁLISIS:

La idea, en torno a la cual gira el texto, es exponer ...

ABRIR Y VER RESOLUCIÓN AQUÍ

Para completar y personalizar el comentario de texto aquí os dejo algunas  aclaraciones histórico-jurídicos en torno al surgimiento del colonato:

La ciudad de Roma, a partir del siglo III d.c., inicio una inexorable perdida de autoridad como eje central del imperio, dado que las provincias iban adquiriendo una mayor autonomía, lo cual tenía su origen en el tamaño del propio imperio, grande y de difícil conducción.

Esta situación condujo a la paralización de muchas de las actividades comerciales, además de una parálisis en las conquistas, lo primero conllevaba que, muchas ciudades no pudieran recaudar impuestos por las actividades comerciales, y lo segundo, que al no haber conquistas, desaparecía una de las principales fuentes de ingreso del estado romano.

En medio de esta situación, muchos propietarios comenzaron a liberar a sus esclavos, a los cuales se les entregaba un pedazo de tierra, junto con lo necesario para su explotación, lo cual pagaban mediante elevados tributos al dueño de la tierra, quien se erigía como un pequeño soberano, al tener control sobre grandes extensiones de tierra.

En esa situación de cuasi – esclavitud estaban los sometidos a la institución del colonato, la cual, como se asegura, hizo su aparición en la época del bajo imperio, toda vez que previamente, en el período clásico, la palabra colonus se empleaba exclusivamente para designar, bien al propietario cultivador del suelo de Roma o de las colonias, ora al arrendatario del predio o tierra de otro.

Pero en el bajo imperio, seguramente a consecuencia de la miseria y debilidad romanas, el vocablo colono pasó a ser comprensivo de la persona natural o física que quedaba atada a perpetuidad a la tierra de otro para cultivarla a cambio de un censo en dinero o en especie. De ahí que se sostenga que el colono era individuo humano de condición mixta, entre la esclavitud y la libertad.

Se llegaba ser colono, bien por nacimiento, cuando los padres, o la madre solamente, eran poseedores de esa calidad, dado que se trataba de cuestión hereditaria; bien por convención o acuerdo de voluntades; o bien por prescripción de 30 años.

Llegaban a ser enteramente libres los colonos, por manumisión, por promoción al episcopado y cuando vivían como libres por espacio de treinta años. Eran los colonos, en realidad, esclavos de la tierra, esto es, servi terrae, porque no podían abandonarla a voluntad, ni tampoco podían ser separados de ella sin su consentimiento. Debían, eso sí, cultivar el terreno y pagar al propietario renta en dinero o en especie, lo que no los convertía en esclavos del tal propietario, por lo que entonces pudieron contar con patrimonio propio, obligarse y contraer nupcias; pero para enajenar los bienes que llegaran a adquirir, debía mediar la anuencia del dueño del terreno dado en colonato.

El dueño de la tierra tenía el derecho de patronatos, es decir, la facultad que tenía el patrono sobre el colono, quien debía trabajar la tierra del patrono a perpetuidad y, en caso de venderse esta, someterse a la potestad del nuevo propietario.


sábado, 6 de febrero de 2021

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Historia de España. Textos. Tema 18 y 67. Temas 24 y 25. La llegada de los focenses a la Tartessos

 Oposición Geografía e Historia. Recursos didácticos: Historia de España (Textos)

Texto: Los Focenses llegan a Tartessos.

"Fueron los focenses los primeros de los griegos que emprendieron largas navegaciones. Ellos fueron los descubridores del mar Adriático, del Tirreno, de Iberia y de Tartessos. No navegaban en navíos redondos, sino en embarcaciones de cinco filas de remos. Llegados a Tartessos se hicieron muy amigos del rey de los tartesios. Era éste Argantonio, quien reinó sobre Tartessos ochenta años y vivió en su totalidad ciento veinte. Los focenses se hicieron tan amigos de este rey que les invitó en primer lugar a abandonar Jonia y a habitar en la zona de su territorio que quisieran. Luego, como no lograba convencer en esto a los focenses, informado por ellos de los progresos de los persas, les dio dinero para rodear su ciudad de una muralla".

Heródoto, Historia.

 CLASIFICACIÓN:

Por su naturaleza diremos que se trata de un texto historiográfico ya que se trata de un documento fuente, pues, aunque Heródoto no vivió los hechos que el documento describe, es una de las fuentes que en la historiografía del mundo antiguo se usa para recabar información de esa época histórica.  Heródoto fue un historiador griego del siglo V a. C., podemos decir que con él se inicia una larga tradición historiográfica y sus textos son junto con los de Estrabón, en el siglo I a. C., uno de las principales fuentes historiográficas para el estudio de la Antigüedad Clásica. El destinatario sería un público general y tendría una intención divulgativa.

ANÁLISIS:

El texto se centra en la descripción de la llegada de los focenses a Tartessos. Los focenses fueron un pueblo griego procedentes de Focea una polis de Jonia o Asia Menor, que a través de la costa norte del Mediterráneo, llegó a las costas de Francia y desde allí a la península. Por su parte, la referencia a Argantonio, rey de Tartessos en el siglo VIII a. C., nos remite a los contactos comerciales entre las polís griegas y Tartessos, mítico pueblo indígena, situado al suroeste de la Península Ibérica. En el texto también nos indica el dominio de unas técnicas de navegación lo suficientemente avanzadas para recorrer el Mediterráneo, así como la presión que sobre ellos, y otros pueblos de Asia Menor, ejercen los persas.

CONTEXTO HISTÓRICO:

Poco conocemos del pueblo de Tartessos, a parte de lo escrito por Heródoto, no se conservan más fuentes escritas, tampoco hay grandes hallazgos arqueológicos, salvo contadas excepciones como el Tesoro del Carambolo. Algunos historiadores lo han identificado con el mito de la Atlántida y otros con la Tarsis bíblica, sin embargo, lo que parece probable es que se ubicara en occidental de Andalucía, conocían el metal y se cree que su principal actividad económica era la explotación de minas, el propio nombre del rey Argantonio hace referencia a "el hombre de la plata". Una vez acabada la Edad Oscura, comienza una nueva época en lo que conocemos como la Grecia Clásica, se crearon numerosas polis y se creó una talasocracia instaurando un dominio del Mar Mediterráneo. Numerosas polis, entre ellas Focea, navegaron en busca de puertos donde establecer factorías y comerciar con los pueblos indígenas. Sin duda, Tartessos, en vista de los griegos, era un pueblo muy rico y bastante desarrollado no sólo económica sino también culturalmente, es posible que dominaran la escritura, Tartessos posiblemente comerciaría con los focenses su plata por cerámicas, aceite o vino que eran los productos más prestigiosos y una muestra de su riqueza fue el ofrecimiento al establecimiento en su territorio o financiar la construcción de una muralla en Jonia. Se conoce muy poco de Tartessos después del reinado de Argantonio apenas existen referencias, y después del siglo V a. C. se pierde su rastro en la historiografía, por lo que se piensa, que quizá, tras la Batalla de Alalia (537 a. C.) después de la caída de sus aliados, los focenses, los tartesios, también cayeran bajo el poder de los cartagineses.

CONCLUSIÓN:

A modo de conclusión señalaremos la importancia de este texto para conocer cómo fue el proceso y asentamiento de los focenses en la Península Ibérica, así como de la figura de Heródoto, que es una de las fuentes fundamentales para el estudio de las colonizaciones de la Península Ibérica durante la Edad de Hierro, y que introduce a la Península en la Historia, en concreto en la llamada “Protohistoria!”, pues aunque sea a través de referencias de otros pueblos (fuentes indirectas), los colonizadores ya existen documentos escritos sobre los distintos pueblos que habitan en la Península. 

ABRIR Y DESCARGAR AQUÍ. 

Estos textos pueden utilizarse para completar el anexo de prácticas de los temas 24 y 25 de la oposición, así como material didáctico y de actividades para programaciones de 1º de ESO e Historia de España de Bachillerato.

Tema: 24: La península Ibérica hasta la dominación romana

Tema 25:  La civilización grecolatina.

sábado, 23 de febrero de 2019

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Historia Antigua: Comentario Mapa división Imperio Romano.

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Historia Antigua: Comentario Mapa división Imperio Romano. 



PRESENTACION
Se nos presenta para su comentario un mapa histórico corocromático en el que aparece representado el espacio geográfico de Europa, norte de África y una pequeña franja del oeste de Asía, entorno al Mar Mediterráneo  y el Mar Rojo  
ANÁLISIS-LECTURA
En él la línea Roja marca los límites del Imperio Romano, la roja discontinua la división entre el Imperio Romano de Oriente y el de Occidente y los puntos (Roma y Constantinopla) sus capitales. Estas referencias nos permiten concretar sus límites cronológicos entre el año 395, año en el que Teodosio, a su muerte, dividió el Imperio entre sus hijos, y el año 476 en el que desaparece el Imperio Romano de Occidente a causa de las invasiones bárbaras.
COMENTARIO
El Imperio Romano alcanzó su mayor extensión en  el año 117 en tiempos del emperador Trajano.  momento en que abarcaba desde el océano Atlántico al oeste hasta las orillas del mar Caspio, el mar Rojo y el golfo Pérsico al este, y desde el desierto del Sahara al sur hasta las tierras boscosas a orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia al norte. Su superficie máxima estimada sería de unos 6,5 millones de km².
Pero como hemos dicho, el límite cronológico hemos de situarlo en el año 395, año en el que murió el emperador Teodosio I, dejando en herencia el trono a sus dos hijos. A Arcadio le correspondió Oriente y a Honorio Occidente. A partir de ese momento, el imperio romano quedó definitivamente dividido a efectos administrativos en mitades, que, a medida que fue aumentando la presión de los bárbaros sobre las fronteras a lo largo del siglo V, empezaron a reaccionar de manera significativamente distinta. El año 395 constituye, pues, un auténtico momento crucial en la definitiva separación de Oriente y Occidente.
Hasta esa fecha y desde la época de Diocleciano (284-305), el Bajo Imperio había constituido una unidad que abarcaba todas las provincias ribereñas del Mediterráneo y otras muchas bastante más remotas (véase el mapa 1). Por occidente llegaba hasta Britania e incluía la totalidad dela Galiae Hispania; por el norte, sus confines se extendían por Alemania y los Países Bajos hasta alcanzar, bordeando el Danubio, las costas del mar Negro; Dacia, situada al otro lado del Danubio y anexionada al imperio por Trajano a comienzos del siglo II, fue abandonada a finales del III debido a las sucesivas invasiones de los godos, pero, al margen de este hecho, el imperio de Diocleciano era en buena medida idéntico en extensión al de los días felices de los Antoninos. Por el este, llegaba hasta la parte más oriental de Turquía y los confines del imperio persa sasánida, mientras que por el sur, sus posesiones se extendían desde Egipto a Marruecos y el estrecho de Gibraltar; durante el siglo IV, el África septentrional romana —las actuales Argelia y Tunicia— se convirtió en una de las regiones más prósperas del imperio.
Las pérdidas territoriales irreversibles, no obstante, comenzaron en el 386con una invasión en gran escala de godos y otros pueblos. El 395, tras imponerse en dos guerras civiles destructivas, Teodosio I falleció, dejando un ejército colapsado y al imperio, todavía plagado por godos, dividido entre sus dos hijos incapaces. Para el año 476, cuando Odoacro depuso al emperador Rómulo, el emperador romano de Occidente ejercía un insignificante poder militar, político y financiero, y carecía de control efectivo sobre los dispersos territorios en Occidente que aún podrían ser descritos como "romanos". Los invasores "bárbaros" establecieron su propia autoridad en la mayor parte del área del Imperio de Occidente. Aunque su legitimidad sobrevivió durante varios siglos más, y su influencia cultural persiste hasta el día de hoy, el Imperio de Occidente nunca tuvo la fuerza para levantarse de nuevo.
Las provincias del Imperio romano instauradas por Diocleciano
En tiempos de Diocleciano, pese a seguir siendo la sede del senado, Roma había dejado de ser la capital administrativa de aquel vasto imperio; los emperadores se trasladaban de una «capital» a otra —Tréveris en Germania, Sirmium o Sérdica, en la zona del Danubio, o Nicomedia en Bitinia—, llevando tras de sí toda la maquinaria administrativa. A finales del siglo IV, sin embargo, las principales sedes del gobierno eran Milán en Occidente y Constantinopla en Oriente (véase el capítulo 1). El imperio estaba dividido además desde el punto de vista lingüístico, por cuanto, pese a que el latín siguió siendo hasta el siglo VI e incluso más tarde la lengua «oficial» del ejército y el derecho, en Oriente la lengua de las clases cultas era fundamentalmente el griego. Latín y griego, sin embargo, coexistían con otras muchas lenguas locales, como por ejemplo el arameo en Siria, Mesopotamia y Palestina, copto —egipcio demótico escrito en un alfabeto compuesto fundamentalmente por caracteres griegos— en Egipto, o las lenguas de los nuevos grupos que habían venido estableciéndose dentro de los límites del imperio a lo largo del siglo III y sobre todo del IV, una de las cuales era el gótico. Ya desde los inicios de la época imperial, lo normal en Oriente había sido que circularan versiones griegas de las leyes, y siempre había sido habitual traducir a esta lengua las cartas del emperador y demás documentos oficiales, de suerte que la administración imperial se las había arreglado para funcionar bastante bien a pesar de semejante galimatías lingüístico. A partir del siglo III, en cambio, las culturas vernáculas empezaron a desarrollarse con especial vigor en diversas regiones, hasta que la división final entre Oriente y Occidente acabó convirtiéndose también en una definitiva división lingüística; como se ha subrayado en varias ocasiones, el griego de san Agustín no era demasiado bueno, y sus obras, escritas en latín, no las leían los cristianos de Oriente (Averil Cameron. El Mundo del Mediterráneo en la Antigüedad Tardía. Ed. Crítica. Barcelona, 1998. Pág. 8-9)
CONCLUSIÓN
Y finalmente, y para concluir señalar, como hace E. Gibbon que la historia de la ruina del Imperio romano debemos verla como algo simple y obvia, tano es así que para él “en lugar de preguntar por qué el Imperio romano fue destruido, deberíamos más bien sorprendernos de que haya subsistido tanto tiempo. Las legiones de reconocimiento, que, en guerras lejanas, adquirieron los vicios de los extranjeros y mercenarios, primero oprimían la libertad de la república, y después violaron la majestuosidad de la púrpura. Los emperadores, deseosos de asegurar su seguridad personal y la paz pública, se limitaron a corromper la disciplina de las tropas que intimidaba tanto al soberano y como a los enemigos; la potencia del gobierno militar se relajó, y finalmente se disolvió, por las instituciones parciales de Constantino; y el mundo romano se vio abrumado por una avalancha de bárbaros” (Edward Gibbon. The Decline and Fall of the Roman Empire, "General Observations on the Fall of the Roman Empire in the West", capítulo 38).