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domingo, 16 de enero de 2022

Oposición Geografía e Historia. Prácticas de Historia. Comentario de Texto Historia de España: Campañas de Alfonso I en el Duero. Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

Oposición Geografía e Historia. Prácticas de Historia. Comentario de Texto Historia de España: Campañas de Alfonso I en el Duero.  Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

 Campañas de Alfonso I, vaciamiento de la cuenca del Duero y repoblación de las montañas y costa cantábricas:  

 Muerto éste, fue elegido rey por todo el pueblo Alfonso, quien, con la gracia de Dios, tomó el cetro del reino y consiguió dominar siempre la fuerza de los enemigos. Con su hermano Fruela dirigiendo el ejército tomó muchas ciudades. Estas son: Lugo, Tuy Oporto, Anegiam, Braga, Viseo, Chaves, Ledesma, Salamanca, Numancia, que ahora llaman Zamora, Avila, Astorga, León, Simancas, Saldaña, Amaya, Segovia, Osma, Sepúlveda, Arganza, Clunia, Mave, Oca, Miranda, Revenga, Carbonera, Abalos, Cenicero y Alesanco, con sus castillos, villas y aldeas. Matando a todos los árabes llevó consigo a los cristianos a la patria. En ese tiempo se poblaron Asturias, Primorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, Bardulias, que ahora llaman Castilla, y la parte marítima. Y Galicia, Alava, Vizcaya, Alaon (¿Ayala?) y Orduña siempre habían sido poseídas por sus habitantes, así como Pamplona, Deyo y Berrueza (...) 

GOMEZ MORENO, M. "Las primeras Crónicas de la Reconquista: el ciclo de Alfonso III", B.R.A.H., T.C., 1952, pp. 615-616.  

Para realizar el comentario de forma precisa os adjunto la siguiente información, tomada íntegramente de Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar: Alfonso I | Real Academia de la Historia (rah.es)

 

ALFONSO I de Asturias.

Alfonso I. ?, f. s. VII-p. s. VIII – Cangas de Onís (Asturias), 757. Rey de Asturias.

La prematura muerte de Favila (739), con hijos presumiblemente de corta edad, plantea un problema sucesorio en el centro de poder de Cangas de Onís que se resuelve con la promoción al caudillaje del núcleo de resistencia astur de su cuñado Alfonso, primero en la serie de monarcas hispanos de este nombre. Tanto la Crónica de Alfonso III, en sus dos versiones, como la Albeldense, fuentes narrativas fundamentales para el conocimiento de la historia política del reino de Asturias, facilitan abundante información sobre el círculo familiar del nuevo monarca y sus vínculos con Pelayo, a través de su matrimonio con su hija Ermesinda, que aparece como causa justificativa última de su acceso al trono mediante elección popular. Otro documento de excepcional interés para esta época, el famoso Testamentum Adefonsi del año 812, al hacer la genealogía de Fruela, hijo de Ermesinda y Alfonso, silencia el nombre de éste, estableciendo la relación sucesoria de aquél por vía matrilineal que le lleva a su abuelo Pelayo. A Alfonso I lo presentan aquellos textos cronísticos de fines del siglo IX como hijo de Pedro, duque de Cantabria o de los cántabros, ennobleciendo su estirpe goda las dos versiones de la Crónica de Alfonso III con una pretendida ascendencia regia, en un afán de legitimación de orígenes de los monarcas astures que entroncarían así por vínculos de sangre con la extinta realeza visigoda. El texto Rotense de la crónica alfonsina alude a la llegada a Asturias de Alfonso en tiempo de Pelayo, casándose con su hija Ermesinda, según la Albeldense “por iniciativa del propio Pelayo”, con quien habría combatido ya contra los musulmanes. En cualquier caso, la jefatura de Alfonso significaba en términos políticos la formalización de una alianza astur-cántabra desde los primeros tiempos del Asturorum Regnum; y la soldadura de los dos linajes, el pelagiano y el de Pedro, entre cuyos descendientes recaerá exclusivamente —con la única excepción del breve reinado de Silo (774-783)— la corona del reino, afirmándose finalmente, a partir de Ramiro I y no sin frecuentes y conflictivas contestaciones, el principio de sucesión patrilineal que parece vincularse al tronco familiar del antiguo duque de Cantabria a través de los descendientes de su hijo Fruela, hermano de Alfonso I.

Durante los casi veinte años de su caudillaje (739-757), el pequeño núcleo astur con centro en Cangas de Onís no sólo logra preservar su independencia, sino que inicia decididamente su expansión territorial por los extremos occidental y oriental de la región de Primorias, entre el Sella y el Deva, desbordando ampliamente los límites de las Asturias nucleares. Por otra parte, Alfonso I lleva a cabo una serie de victoriosas campañas militares en los vastos territorios que se extendían al sur de la cordillera Cantábrica, procediendo además a la reorganización interna de los espacios norteños o transmontanos encuadrados, con mayor o menor grado de integración, en la órbita política de la Corte de Cangas. Tales campañas, así como sus consecuencias y la actividad de repoblación interior en las tierras del reino, son conocidas por los relatos singularmente expresivos que de ellas hacen las crónicas ovetenses de fines del siglo IX, en especial la de Alfonso III. Tales informaciones, teniendo en cuenta los intereses políticos del Monarca que inspira su redacción —el propio Alfonso III— deben ser acogidas e interpretadas con bastantes reservas, como se ha venido haciendo en los últimos años, abriéndose así un animado debate historiográfico, con posturas extremas difícilmente conciliables, que dista mucho de estar resuelto en la actualidad.

Para la puesta en marcha de sus acciones militares contra los musulmanes Alfonso I contó no sólo con unas fuerzas propias que no debían ser de gran entidad, sino y acaso en mucha mayor medida con las favorables circunstancias que le brindaban, de una parte, las luchas internas de la España musulmana —sublevación de los beréberes contra los árabes y evacuación por aquéllos de sus asentamientos en el cuadrante noroccidental de la Península— y de otra el azote del hambre, con la inevitable secuela del drenaje demográfico, que en los años medios del siglo VIII parece que hizo grandes estragos en los territorios de la Meseta. Las fuentes árabes ofrecen expresivos testimonios de esta situación que iba a brindar una favorable coyuntura al proyecto político expansionista del primer Alfonso. Acompañado en sus expediciones militares de su hermano Fruela, cabeza del linaje de los últimos monarcas astures, recorrió triunfalmente, según el testimonio de la Crónica de Alfonso III, Galicia y el norte de Portugal, las tierras situadas al sur de la cordillera Cantábrica, hasta el Duero, traspasando en sus incursiones este río, y las comarcas de la cuenca alta del Ebro.

La Crónica Albeldense, con su laconismo habitual, refiere la conquista por Alfonso I de las ciudades de León y Astorga, añadiendo que el monarca devastó los Campos Góticos hasta el Duero y “extendió el reino de los cristianos”. Mucho más explícita, la crónica regia en sus dos versiones hace una detallada enumeración de las ciudades y fortalezas “con sus villas y aldeas” que el belicoso Rey asturiano, junto con su hermano Fruela, tomó a los musulmanes a lo largo de una extensa franja territorial que tendría como límites extremos, por el occidente la costa atlántica y por el este las tierras de la cuenca alta del Ebro, al sur del país de los vascos. Entre esas plazas, que se citan nominalmente —veintinueve en la versión Rotense, treinta y uno en el texto “a Sebastián”— se encontraban la mayoría de los más importantes centros urbanos de tradición romano-gotica existentes en los vastos espacios sometidos a las devastadoras incursiones del Monarca.

Carente de recursos humanos y materiales, Alfonso I no pudo, ni pretendió, consolidar todas estas espectaculares conquistas. Sin embargo, sus rápidas y brillantes campañas tendrían una importancia grande para el futuro del Reino de Asturias: la defensa de su integridad territorial se reforzaba por la existencia de una amplísima zona despoblada que se extendía entre la cordillera Cantábrica y el Duero, prolongándose incluso más allá de este río. Esos territorios asolados por las campañas del Rey asturiano, particularmente la Tierra de Campos, constituirán en lo sucesivo un “yermo estratégico” que se interpondrá como barrera difícilmente franqueable entre la España islámica y el corazón del reino asturiano. Los habitantes de esas tierras del valle del Duero, sometidas hasta entonces al dominio musulmán, serían transplantados a las tierras transmontanas, repoblándose intensamente los espacios que se extendían entre la cordillera y el mar, desde las costas galaicas hasta la margen izquierda del Nervión, ya en tierras vascongadas o vasconizadas de la actual provincia de Vizcaya: “Por ese tiempo —dice la Crónica de Alfonso III— se pueblan Asturias, Primorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, las Vardulias, que ahora se llaman Castilla, y la parte marítima de Galicia”. Esta franja norteña constituye, al finalizar el reinado de Alfonso I, el marco territorial, considerablemente ampliado en relación con la época precedente, del reino cristiano del que Asturias, su núcleo originario, continuó siendo el centro geográfico y político. Dos comarcas fronterizas y expuestas en el futuro a las continuas razias islámicas, protegían los flancos de aquellos territorios: por occidente Galicia, y al este las tierras de la Bureba, Rioja y Álava, zona esta última de límites imprecisos englobada, al menos parcialmente, dentro del área vascongada.

La precedente exposición de las campañas de Alfonso I y sus consecuencias, deducida de la aceptación de las informaciones de los ricos textos cronísticos que las relatan y de la interpretación que de tales textos hizo en su día Claudio Sánchez-Albornoz, resume la que podría calificarse de tesis tradicional sobre el problema historiográfico de la despoblación del valle del Duero y consiguiente repoblación interior del reino de Asturias. Pero, ¿en qué medida esta propuesta interpretativa refleja la realidad de los hechos? ¿Cuál fue el alcance real de la despoblación del valle del Duero y del trasplante de población de esas áreas sureñas devastadas por las correrías alfonsinas que, según la expresiva referencia de la Crónica de Alfonso III, el Monarca “llevó consigo a la patria”, es decir, a las tierras insumisas norteñas? La tesis patrocinada por Sánchez-Albornoz, favorable a la despoblación efectiva y de gran alcance de la Meseta sería contestada por Ramón Menéndez Pidal, negando la efectividad del despoblamiento masivo expresamente atribuido por la crónica regia a las campañas del primer Alfonso y la de una consiguiente repoblación de las tierras comprendidas entre la cordillera Cantábrica y el mar con los contingentes humanos que el Monarca, siempre según el texto cronístico, habría llevado consigo a esas tierras norteñas. La despoblación de la vasta cuenca del Duero quedaría reducida a términos relativamente modestos y un reducido alcance tendría, consecuentemente, la repoblación con los efectivos provenientes de las tierras sureñas en las comarcas septentrionales que la Crónica de Alfonso II dice que “se pueblan” por el primer Alfonso y que no parece que hubiesen sufrido quebranto demográfico apreciable. El término poblar tendría, según Menéndez Pidal, el sentido de “reducir a una nueva organización político-administrativa una población desorganizada, informe o acaso dispersa a causa del trastorno traído por la dominación musulmana, por breve y fugaz que hubiese sido”. Sánchez-Albornoz se reafirmaría en su tesis despoblacionista del valle del Duero y favorable también a la consiguiente repoblación de las tierras norteñas del reino, con la aportación de ingentes argumentos documentales de todo tipo, abriéndose así un debate historiográfico que continúa vivo y ha suscitado en los últimos años adhesiones más o menos matizadas a una u otra posición o nuevos desarrollos e interpretaciones de las mismas.

Acaso el planteamiento de lo que pudo haber sido la “despoblación del valle del Duero”, cuyo alcance exacto quizá nunca sea posible establecer, deba hacerse no desde la consideración global de esos grandes espacios que se extienden al sur de la cordillera cantábrica y de la franja norteña de Galicia sino tomando en consideración sectores parciales de los mismos, porque todos los indicios parecen apuntar a una desigual incidencia de esa pretendida despoblación según las áreas regionales a las que pudo afectar. Es probable que en relación con el alcance de ese proceso de vaciamiento demográfico y con las áreas más profundamente afectadas, la Crónica Albeldense, en principio siempre la más digna de crédito entre las fuentes narrativas asturianas, dé una visión más próxima a la realidad que la muy amplificada y radical versión de los hechos que ofrece la Crónica de Alfonso III, mucho más condicionada por los presupuestos ideológicos neogoticistas imperantes en el círculo cortesano ovetense de fines del siglo IX. Así, el sector leonés, del que la Albeldense cita expresamente las ciudades de León y Astorga como objeto de las expediciones de conquista de Alfonso I, y los “Campos Góticos, hasta el Duero”, asolados por este mismo monarca según el mismo texto cronístico, habrían constituido el espacio más seriamente afectado por la despoblación. Tampoco parece rechazable la extensión de las campañas de Alfonso I, continuadas después por su hijo y sucesor Fruela, sobre la región galaica, donde, sin embargo, no es admisible una despoblación, entendida aquí en el sentido de vaciamiento demográfico, que no permite suponer el curso de los acontecimientos que tendrán por escenario en el futuro próximo ese espacio galaico, cuyas estructuras político-administrativas y eclesiásticas en alguna medida debieron resultar afectadas desde los primeros tiempos de la conquista islámica. Se hace igualmente difícil admitir la despoblación radical de las tierras que se extienden entre el Miño y el Mondego, en las que la historiografía portuguesa ha defendido tradicionalmente la permanencia de sus habitantes.

En cuanto al sector más oriental de la Meseta superior, que englobaría los términos de la futura Castilla hasta la cuenca del Ebro en tierras riojanas y, por el sur, hasta el Duero, también deben extremarse las cautelas a la hora de medir el alcance de la despoblación sugerida por el relato de la Crónica de Alfonso III. Los valles altos que descienden desde la cordillera hacia las tierras llanas de la futura Castilla no debieron verse afectados por un serio quebranto demográfico derivado de las campañas alfonsinas, ni seguramente las tierras alavesas que, según la misma crónica regia, siempre habían estado en poder de sus gentes y que aparecen soldadas sin solución de continuidad con esas “Vardulias, que ahora se llaman Castilla” y que constituyen uno de los escenarios de la acción “pobladora” de Alfonso I, en expresión del mismo texto cronístico.

Finalmente, y por lo que respecta a las tierras situadas al sur del Duero hasta el Sistema Central y en las que se localizan un número pequeño de las plazas citadas en la pormenorizada relación de la Crónica de Alfonso III, el alcance de la despoblación tampoco es fácil de establecer, pero en ningún caso llegaría a suponer un vaciamiento demográfico de toda la zona extremadurana. En conclusión, no parece que sea aceptable la tesis de una radical desertización del valle del Duero, pero sí la de una efectiva despoblación, de desigual alcance regional, como consecuencia de unos hechos, las campañas de Alfonso I, que debieron ajustarse más a la moderada referencia que de ellas da la Crónica Albeldense que a la amplificación, claramente interesada y propagandística, de los pasajes de la Crónica de Alfonso III. Debe tenerse en cuenta, por otra parte, que las incursiones regias actuaban, con efecto acumulativo, sobre unas tierras ya sometidas a un proceso de drenaje demográfico y desarticulación administrativa que tales campañas no harían más que acentuar. La despoblación sería especialmente sensible en el sector central de la meseta superior, pero la desorganización de los cuadros político-administrativos y eclesiásticos y la ruina urbana, compatible, desde luego, con una continuidad de grupos de población que pudieron ser relativamente numerosos en las áreas marginales de aquel sector central, no parece que puedan negarse y es probable que afectasen, si no a todas, sí a la mayoría de las ciudades y villas registradas en la crónica regia como objeto de conquista por Alfonso I. La admisión de la permanencia de vida urbana 

2º Bachillerato: Historia de España. Oposición Geografía e Historia. Prácticas de Historia: Comentario de Textos Historia de España: Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

 2º Bachillerato: Historia de España. Oposición Geografía e Historia.  Prácticas de Historia: Comentario de Textos Historia de España: Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

La figura de Pelayo vista por los musulmanes:  

 Dice Isa ben Ahmand Al-Razi que en tiempos de Anbasa ben Suhaim Al-Qalbi, se levantó en tierra de Galicia un asno salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Andalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían qué comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: "Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?". En el año 133 murió Pelayo y reinó su hijo Fafila. El reinado de Pelayo duró diecinueve años y el de su hijo dos. Después de ambos reinó Alfonso, hijo de Pedro, abuelo de los Banu Alfonso, que consiguieron prolongar su reino hasta hoy y se apoderaron de lo que los musulmanes les habían tomado. 

"Nafh al-tib" de Al-Maqqari. Trads. LAFUENTE ALCANTARA, Col. Obr.Ar.Ac.Ha., I. p. 230 y M.ANTUÑA;C. SANCHEZ ALBORNOZ, "Fuentes de la historia hispano-musulmana", siglo VIII, p. 232.  

viernes, 7 de enero de 2022

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Texto: Crónica mozárabe sobre .as calamidades de España ante la irrupción musulmana (744). Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

  Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Texto: Crónica mozárabe sobre .as calamidades de España ante la irrupción musulmana (744). Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

Crónica mozárabe sobre .as calamidades de España ante la irrupción musulmana (744)

 ¿Quién podrá pues narrar tan grandes peligros? ¿Quién podrá ennumerar desastres tan lamentables?. Pues aunque todos los miembros se convirtiesen en lengua, no podría de ninguna manera, la naturaleza humana referir la ruina de España ni tantos y tan grandes males como ésta soportó. Pero para contar al lector todo en breves páginas, dejandode lado los innumerables desastres que desde Adán hasta hoy causó, cruel, por innumerables regiones y ciudades, este mundo inmundo, todo cuanto según la historia soportó la conquistada Troya, lo que aguantó Jerusalén, según vaticinio de los profetas, lo que padeció Babilonia, según el testimonio de las Escrituras, y, en fín, todo cuanto Roma enriquecida por la dignidad de los Apóstoles, alcanzó por sus mártires, todo esto y más lo sintió España, tanto en su honra, como también de su deshonra, pues antes era atrayente, y ahora está hecha una desdicha. 

"Crónica mozárabe de 754", cap. 6. Ed. J.E. LOPEZ PEREIRA  




martes, 7 de diciembre de 2021

Bachillerato. Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Textos: Dos Textos sobre la batalla de Covadonga, 722. Prácticas Tema 29 oposición Geografía e Historia: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

Bachillerato. Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Textos: Dos Textos sobre la batalla de Covadonga, 722. Prácticas Tema 29 oposición Geografía e Historia: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica

Comentario de Textos sobre la batalla de Covadonga. 

TEXTO 1: Batalla de Covadonga según al-Razi.

"Cuentan algunos historiadores que el primero que reunió a los fugitivos cristianos de España, después de haberse apoderado de ella los árabes, fue un infiel llamado Pelayo, natural de Asturias, en Galicia, al cual tuvieron los árabes como rehén para seguridad de la gente de aquel país, y huyó de Córdoba en tiempo de Al-Hurr ben Abd al-Rahman al-Thaqafi, segundo de los emires árabes de España, en el año sexto después de la conquista, que fue el 98 de la Hégira [716-717]. Sublevó a los cristianos contra el lugarteniente de Al-Hurr, le ahuyentaron "y se hicieron dueños del país, en el que permanecieron reinando, ascendiendo a veintidós el número de los reyes suyos que hubo hasta la muerte de Abd al-Rahman III.

Dice Isa ben Ahmad al-Razi que en tiempos de Anbasa ben Suhaim Al-Qalbi, se levantó en tierra de Galicia un asno salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Ándalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres.

Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían qué comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: "Treinta asnos salvajes ¿qué daño pueden hacernos?" En el año 133 murió Pelayo y reinó su hijo Fávila. El reinado de Pelayo duró diecinueve años, y el de su hijo dos. Después de ambos reinó Alfonoso, hijo de Pedro, abuelo de los Banu Alfonso, que consiguieron prolongar su reino hasta hoy y se apoderaron de lo que los musulmanes habían tomado."

Nath al-tib, (Historia de Al-Ándalus) por  al-Maqqari.

Nos encontramos ante una fuente secundaria de naturaleza historiográfica. Se trata de un fragmento de Nath al-Tib, una Historia de Al-Andalus escrita por al-Maqqari hacia el siglo XVII. Se trata de un texto que es resultado de una investigación histórica, ya que se trata de una noticia recopilada por el autor, seguramente de al-Razi o de la conocida como "Crónica del Moro Rasis" escrita en el siglo X que tendrá un valor histórico, en cuyo caso podríamos clasificarla como fuente primaria al ser un documento fuente.

Si analizamos el texto vemos como todo él se centra en detallar la Batalla de Covadonga. Batalla que tuvo lugar en el año 722 y que supone la primera derrota del imperio Omeya en Occidente. De este modo, en el primer párrafo, se relata como Pelayo escapó de las manos de Al-Hurr estando preso en Córdoba, huyendo hacia Galicia y sublevando a sus gentes contra el gobierno del emirato, dice textualmente "ascendiendo a 22 el número de reyes que le sucedieron hasta la muerte de Abd al-Rahman III", de lo que se desprende la idea de que al-Razí consideró como un éxito la sublevación de Pelayo contra los musulmanes.

En el segundo párrafo, se expresa la idea de que la batalla de Covadonga constituye el hecho inicial de la reconquista cristiana según la cita "Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Ándalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder". También califica a Pelayo como "rey" dando a entender que ya se había constituido una nueva entidad política.

En el último párrafo, se pone de manifiesto el desprecio que los musulmanes tuvieron por la resistencia de Pelayo, a la calificaron de "treinta asnos salvajes". Y de cómo "consiguieron mantener su reino hasta el día de hoy (siglo XVII), y arrebatar lo que los musulmanes habían quitado a los cristianos". Donde se vuelve a afirmar el error de no acabar con la resistencia astur que tras ocho siglos llevaría al final de la provincia de Al-Ándalus.

En cuanto al contexto histórico, hemos de hacer constar que la batalla de Covadonga en el 722 suele considerarse como el inicio de la Reconquista. Supuso la primera derrota musulmana en Occidente, cuyo empuje fue finalmente frenado por la derrota de Poitiers en el 732 frente al rey de los francos Carlos Martel.

El inicio de la resistencia, parte de la negación de Pelayo y sus gentes de pagar los impuestos de los dimnies, chizyá y jarach, lo que motivó que se pertrecharan las tropas al mando de Alcaman para hacer sucumbir a los insumisos. Es posible, que Pelayo, aprovechara su conocimiento del terreno planeando la batalla en un lugar con difícil acceso y que dificultara los movimientos, haciendo que el número de combatientes no supusiera una ventaja.

Tras la derrota, parece que el gobernador de Al-Ándalus, no viendo una amenaza en los astures, desistiera en la conquista del territorio. Lo que dio pie a la formación de una entidad política, que fue consolidándose poco a poco, llegando, en épocas posteriores a erigirse en herederos del estado visigodo, en lo que fue calificado por Sánchez Albornoz como  el "neogoticismo asturleonés". Algo que sería clave en los reinados de Alfonso II (791-842) y Alfonso III (866-910), ya que con ellos comienza la restauración del orden gótico, en la constitución política y eclesiástica y la idea de una monarquía continuadora de la visigoda. 

Esta idea de la restauración visigoda, más el nuevo culto de Santiago, así como la expansión territorial durante el reinado de Alfonso III, alentarán a la idea de la reconquista de Hispania, a menudo con tintes de cruzada.

Poco a poco irán surgiendo otros focos de resistencia, principalmente en la zona pirenaica, que, como Asturias, aprovecha la inaccesibilidad y la orografía como forma de defensa. Uno de esos territorios serán los ducados de Aragón, Sobrarbe y Zaragoza en torno al año 800, bajo el control de los carolingios. Así como Pamplona, bajo la protección de los Banu Qasi de Zaragoza, o la Marca Hispánica que con el tiempo serán los Condados Catalanes. Que también contribuirán a la reconquista del territorio peninsular.

A modo de conclusión señalar la importancia del texto para el conocimiento de los sucesos de la época, pues la carencia de fuentes en la época medieval, convierte a cualquier texto de esta época en una fuente de indudable valor. Para ser crítico con la fiabilidad del texto, podemos señalar que lo narrado se ajusta al acontecimiento histórico, y parece gozar de cierta objetividad derivada del paso de los años. El texto desprecia la resistencia cristiana, refiriéndose a ésta como "treinta asnos salvajes", aunque confirma por otro lado, la consolidación del reino, así como su prolongación en el tiempo que permitió recuperar los territorios arrebatados por los musulmanes. 


TEXTO 2“: Crónica de Alfonso III (versión rotense).

"Pelayo estaba con sus compañeros en el monte Aseuva, y el ejército de Alqama llegó hasta él y alzó innumerables tiendas frente a la entrada de la cueva.

El predicho obispo (obispo visigodo Oppas, aliado con los árabes) subió a un montículo situado ante la cueva dominica y habló así a Pelayo: "Pelayo, Pelayo, ¿dónde estás?".

El cual, desde una ventana, dijo en respuesta: "Aquí estoy".

Al cual el obispo: "Juzgo, hermano e hijo, que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda España unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros países por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos, no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas, ¿podrás defenderte en la cima de este monte? Lo que me parece difícil. Escucha ciertamente mi consejo y haz volver tu ánimo de esta decisión, para que goces de muchos bienes y disfrutes de la amistad de los caldeos".

[...] Pelayo dijo: "Cristo es nuestra esperanza; que por este pequeño montículo que ves sea España salvada y reparado el ejército de los godos. Confío en que se cumplirá en nosotros la promesa del Señor [...]"

El obispo, vuelto entonces al ejército, dijo: "Acercaos y pelead. Ya habéis oído cómo me ha respondido; a lo que adivino de su intención no tendréis paz con él, sino por la venganza de la espada".

Por su parte ahora ya el predicho Alcaman mandó comenzar el combate, y los soldados tomaron las armas. Se levantaron furibundos, se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificiencias del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Santa Virgen María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos. Y como Dios no necesita las lanzas, sino que da la palma de la victoria a quien quiere, los cristianos salieron de la cueva para luchar contra los caldeos; emprendieron éstos la fuga, se dividieron en dos sus destacamentos, y allí mismo fue al punto muerto Alcaman y apresado el obispo Oppas. En el mismo lugar murieron ciento veinticinco mil caldeos.

Los sesenta y tres mil restanes subieron a la cumbre del monte Auseva y por el lugar llamado Amuesa descendieron a la Liébana. Pero ni éstos escaparon a la venganza del Señor; cuando atravesaban la cima del monte que está a orillas del río llamado Deva, junto al predio de Cosgaya, se cumplió el juicio del Señor: el monte, desgajándose de sus cimientos, arrojó al río de los sesenta y tres mil caldeos y los aplastó a todos.

Nos encontramos ante una fuente secundaria al tratarse de una crónica, en concreto se trata de un fragmento de la Crónica de Alfonso III, rey de León., donde se relata la Batalla de Covadonga. Se trata, por tanto, de un texto de naturaleza histórico-literaria, descartando que se trate de un texto hisoriográfico debido a que no se puede considerar que sean fruto de la investigación y por su falta de rigor científico, aunque bien podría considerarse como primaria si la consideramos un documento fuente para conocer los acontecimientos relatados, si bien su carácter subjetivo nos hace clasificarla como secundaria. Es fruto de una recopilación posterior a los hechos, casi un siglo después, en torno al año 880 por un monje al servicio de la monarquía leonesa. Su carácter es público, dirigida a un lector culto, su finalidad es propagandística tratando de exaltar la fe cristiana.

Al analizar el texto vemos que la idea principal es exponer los sucesos de la Batalla de Covadonga. Más allá de esa idea general, vemos que en los primeros párrafos, se relata cómo, llegadas las tropas musulmanas a los parajes de Cangas de Onís, hay un intento del obispo Oppas, que participaba de la causa musulmana, de comprar a Pelayo para su causa.  Pelayo, responde negándose al ofrecimiento de Oppas, argumentando que confía en su causa y que Dios le ayudará a pesar de iniquidades y pecados de los godos. Ante tal respuesta, el obispo Oppas, llama a las tropas musulmanas al ataque.

En los párrafos siguientes se exponen las causas de la victoria de Pelayo, que con ayuda de Dios y de la Virgen de Covadonga logra derrotar a 125.000 hombres musulmanes. Saliendo a la fuga 63.000 que también murieron debido a un desprendimiento de tierras provocado por la gracia divina. En el combate murió el general de las tropas musulmanas , por Alcaman, y fue apresado el obispo Oppas.

En cuanto al contexto histórico podemos colocar el mismo que en el comentario anterior.

En cuanto a la conclusión hemos de tener presente la intención del autor, un cronista cristiano, por lo que la veracidad de los acontecimientos narrados responden a la intención de justificar por un lado, la conquista musulmana (traición y división visigoda), así como propagandística, ya que expone como Dios y la Virgen de Covadonga están de su lado, lo que contribuye a difundir esa idea de la reconquista como una cruzada frente a los infieles. Algo que hay que situar en el contexto medieval en el que fue escrita, principios del siglo IX, por lo que recurre a términos biblícos como "caldeos" o "ismaelitas" refiriéndose a los musulmanes, en el sentido de infieles. O la comparación que podemos ver con el pasaje de Moisés, así como la intercesión divina. Así pues, aunque sobre el hecho que narra, la batalla de Covadonga y la participación en ella de D. Pelayo, es algo documentado desde un punto de vista histórico (existen crónicas musulmanas sobre ella), su subjetividad es palpable, siendo así muy exagerado el número de combatientes, 185.000, así como la descripción de los acontecimientos (intervención divina). No obstante, si sirve para constatar una de las causas de la fácil conquista musulamana como son las disputas y diferencias entre visigodos, y cómo algunos de ellos, mediante pactos de capitulación, se rinden sin oponer resistencia, como es el caso de Tucmir en la zona de levante.

 

domingo, 5 de diciembre de 2021

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Comentario de Texto: Conquista de Toledo, 1085. Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

 Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Comentario de Texto: Conquista de Toledo, 1085. Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

Texto: La conquista de Toledo, 1085

"Este año se puso en marcha Alfonso con un ejército innumerable de cristianos, de francos, vascones, gallegos y cruzó Al-Ándalus, deteniéndose ante cada una de sus ciudades, devastando arruinando, matando y cautivando, para ir luego a otra. Acampó ante Sevilla y permaneció allí tres días, asoló su región y la deshizo, arrasando en el Aljarafe muchas aldeas. Hizo lo mismo en Sidonia y su región; luego llegó hasta la isla de Tarifa, metió las patas de su caballo en el mar y dijo: "Este es el final del país de Al-Ándalus y lo he pisado". Luego volvió a la ciudad de Zaragoza, la sitió y juró no levantar su cerco hasta que la tomase, o que la muerte se interpusiese entre él y su propósito: era la ciudad que más quería ganar de todo Al-Ándalus. Su emir, al-Musta'in ben Hud, le envió todo el dinero que pudo, pero no se lo recibió y dijo: "La ciudad y el dinero son míos".

Envió a todas las capitales de al-Ándalus tropas que las estrechasen, con asedio. Apoderóse de la ciudad de Toledo en el año 477 [10 de mayo de 1084 a 28 de abril de 1085]. Cuando los emires de Al-Ándalus vieron esto, convinieron en que pasase el estrecho Yusuf ben Tachfin (Yusuf ibn Tashufin), y le escribieron todos, pidiéndole ahincadamente socorro y que impidiese al enemigo ahogar a Al-Ándalus: que ellos serían con él una sola mano en la guerra santa contra los infieles".- 

                                                                                 Ibn Abi Zar. Rawd al-Qirtas. (Historia de Marruecos).

CLASIFICACIÓN: Nos encontramos ante el fragmento de una crónica, por lo que hemos de considerarlo como una fuente secundaria de naturaleza historiográfica de carácter público, pues tiene una intención divulgativa y didáctica dirigida a un público culto, ya que es fruto de la investigación histórica. Fue escrito por Ibn Abi Zar y pertenece a su obra Historia de Marruecos, escrita en el siglo XIII. No obstante, podría clasificarse como fuente primaria si lo consideramos como un documento fuente a partir del cual se conoce el hecho narrado, la conquista de Toledo por Alfonso VI, en cuyo caso sería un texto histórico circunstancial. 

ANÁLISIS: El texto comienza haciendo referencia a Alfonso, se trata del rey Alfonso VI de León, lo cual deducimos por las campañas que relata contra los territorios de Al-Ándalus: Aljarafe, Tarifa o Sidonia, Zaragoza o Toledo. Campañas que se ven favorecidas por la descomposición del Califato de Córdoba en 1031, lo que supone la división de Al-Ándalus en una treintena de reinos taifas, lo que las debilita frente al poder emergente de los reinos cristianos del norte, en particular del reino de León, una incipiente Castilla y en menor medida navarra y Aragón. 

Otra referencia a destacar del texto, la encontramos al  final del  primer párrafo en la que se menciona a Musta'in ben Hud, rey de la taifa de Zaragoza que ofreció dinero a Alfonso VI a cambio de la paz, a lo que el primero se negó. Este tipo de pagos, conocidos como parias, fueron habituales durante los reinos de taifas. Gracias a ellos compraban treguas, que en gran medida consiguieron contener los ataques cristianos a las taifas, al menos a corto plazo, pero que a medio y largo plazo contribuyeron a debilitarlas, pues contribuyeron a enriquecer a los reinos del norte, por lo que no sólo se fortalecieron, sino que alimentaron su deseo de expansión.

En el segundo párrafo encontramos el hecho esencial, la alusión a la toma de Toledo por parte de Alfonso VI en el año 1085 y como el resto de taifas piden ayuda a un poder surgido en el norte de África, el imperio almorávide. La toma de Toledo reviste una gran importancia, tanto simbólica como estratégica. Desde un punto de vista simbólico destaca por su estatus de antigua capital visigoda y sede del arzobispado, lo que la convertían en todo un símbolo de poder. No es extraño que Alfonso VI eligiese esa ciudad, no sólo por su importancia histórica, sino como una de las principales ciudades de Al-Ándalus. Y desde un punto de vista geoestratégico suponía ocupar una de las marcas defensivas del Al-Ándalus (la central) y situar la frontera en torno al río Tajo, lo que abría al avance cristiano la submeseta sur.

COMENTARIO: La toma de Toledo hay que inscribirla un acontecimiento mucho más amplio, que es el de Reconquista, que en su doble concepto supone conquista y repoblación de territorios. En un sentido amplio en este proceso se distinguen tres etapas. La primera sería la de los inicios y consolidación de los reinos cristianos. Sería una etapa de resistencia y pequeños avances, que comenzaría en el 722 con la Batalla de Covadonga y la consolidación del reino Astur bajo el mandato de Pelayo y llegaría hasta el siglo X. Cuando Alfonso III logra consolidar las fronteras del reino de León y las conquistas de Galicia y la Extremadura del Duero. Quedan fijadas así las fronteras en el río Duero y se comienza una política de repoblación que permitiera la ocupación efectiva del territorio y su defensa, empleándose en mayor medida el sistema de presura.

La segunda etapa, se llevaría a cabo durante los siglos XI-XII, que queda simbolizada por la toma de Toledo en 1085. Aunque la reacción de las taifas andalusíes no se hizo esperar, pidiendo socorro a los almorávides, nuevo poder musulmán aparecido en el norte de África, que en 1086 al mando de su general Yusuf ibn Tashufin derrotan a los cristianos en la batalla de Sagrajas o Zalaca y reunificando las taifas andalusíes bajo el poder almorávide. Pero fue una reacción breve, pues como hemos indicado en el análisis, en esta etapa se conjuga por un lado el crecimiento demográfico y económico de los reinos cristianos y la decadencia política de Al-Ándalus por la desintegración del califato. La incorporación de nuevos territorios lleva aparejada la aparición de un nuevo sistema de repoblación: la concesión de fueros. Aunque se siguen concediendo presuras, el otorgamiento de fueros está motivado porque ahora se conquistan territorios densamente poblados en lo que conviene mantener la población. Así, los fueros consistieron en la concesión de ciertos privilegios por parte del rey a los habitantes de pueblos y ciudades para que permaneciesen allí. Algunos de los más destacados serían el derecho a elegir su señor, y un gran alfoz o territorio municipal que permitiera la caza o el pastoreo, además de otras prebendas reales.

Finalmente, la última etapa de la reconquista está marcada por la batalla de las Navas de Tolosa en 1212. La victoria en ella, frente al poder almohade, permitió reconquistar todo el valle del Guadalquivir, el Levante y las Baleares, exceptuando el reino nazarí de Granada. Debido a la enorme extensión de tierras, se emplearon fundamentalmente dos sistemas de repoblación, los donadíos, que consistía en el reparto de tierras a nobles y órdenes militares, principalmente las de Santiago, Alcántara y Calatrava, siguiendo un claro esquema feudal. El otro sistema fue conformado por los repartimientos, que se llevaron a cabo tras la expulsión de los musulmanes de sus ciudades a los que accedieron hidalgos de condición más humilde y aquellos con méritos militares. 

A modo de conclusión podemos señalar que las repercusiones de la reconquista y en especial de los sistemas de repoblación empleados tienen su reflejo en la actual estructura de la propiedad (minifundios en el norte de España y a grandes latifundios, pertenecientes a la grandeza de España en el sur), lo cual se ha mantenido pese a los intentos de reforma agraria ilustrados, las desamortizaciones liberales del siglo XIX, el intento de reforma agraria de la república, los proyectos de concentración de la propiedad mediante cooperativas en tiempos de Franco y las subvenciones de la UE.

jueves, 6 de mayo de 2021

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Edad Media. La Repoblación de la cuenca del Duero. Tema 29: LA EXPANSIÓN DE LOS REINOS CRISTIANOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

 Oposición Geografía e Historia. Prácticas Edad Media. La Repoblación de la cuenca del Duero. Tema 29: LA EXPANSIÓN DE LOS REINOS CRISTIANOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA


Repoblación de la cuenca del Duero

La principal actividad desplegada por el reino astur-leonés, en el transcurso de los siglos VIII al X, fue la colonización de los espacios situados entre la cordillera Cantábrica y el río Duero. Dicho territorio, que comprendía unos setenta mil kilómetros cuadrados, incluía el centro y sur de Galicia, el Alto Ebro y, sobre todo, la cuenca del Duero. Tradicionalmente se ha supuesto que, desde mediados del siglo VIII, la cuenca del Duero se encontraba despoblada, debido a la marcha hacia el sur de los beréberes, es decir de los musulmanes que se habían establecido en aquellas tierras, y la huida hacia el norte de los cristianos. El principal defensor de esa hipótesis fue el insigne medievalista Claudio Sánchez-Albornoz, el cual se apoyaba tanto en argumentos cronísticos como toponímicos e institucionales. Esos puntos de vista, no obstante, fueron discutidos en su día por Ramón Menéndez Pidal, el cual entendía que el término latino populare no quería decir volver a poblar, sino ocupar y organizar un territorio. Pero ha sido sobre todo la arqueología la que más ha criticado la hipótesis de la despoblación, para lo cual se basa en excavaciones que revelan, en determinados puntos, una continuidad poblacional. De todos modos, al margen de la mayor o menor despoblación de aquellas tierras, es indudable que la cuenca del Duero fue una «tierra de nadie», por cuanto desde mediados del siglo VIII no estaba dominada ni por al-Andalus ni por el incipiente reino astur.

Proceso de Repoblación

En cualquier caso, hubo, sin la menor duda, un importante proceso repoblador, del cual eran protagonistas ante todo gentes procedentes del otro lado de la cordillera Cantábrica, a las que se sumaron, avanzado el siglo IX, mozárabes que abandonaban al-Andalus. En un primer momento la repoblación tuvo un carácter espontáneo, procediendo los labriegos, que actuaban por su cuenta o bajo la dirección de clérigos o de nobles, a la presura, término que significa ocupación de un territorio y posterior puesta en explotación de ésta. Más tarde, desde mediados del siglo IX, los reyes astures decidieron intervenir en esa actividad, lo que explica que se hable de repoblación oficial.

El mencionado proceso colonizador tuvo, sin la menor duda, importantes consecuencias económicas y sociales. Por de pronto hubo una masiva roturación de tierras, al tiempo que se diversificaban los cultivos, al ganar peso ante todo los cereales y la vid. En el ámbito de la ganadería asistimos en esos siglos ascenso del caballo, imprescindible para las actividades bélicas, pero también al crecimiento de la ganadería ovina, protagonista de la trashumancia que se desarrollaba entre las montañas Cantábricas y las llanuras del valle del Duero. El mundo rural ejercía en aquel tiempo un predominio indiscutible. Las actividades artesanales y mercantiles, así como la vida urbana, tenían, en cambio, muy escaso predicamento. Los únicos ejemplos de núcleos urbanos significativos, para el siglo X, eran Burgos, León y Zamora. La circulación monetaria era muy reducida, predominando en el intercambio de productos el trueque. Pese a todo, en el siglo X se observan atisbos de avance, lo que se plasmó en la institucionalización de los mercados.

Organización Social

También ha sido objeto de amplia polémica el tipo de sociedad que se configuró en la cuenca del Duero tras el proceso colonizador. Sánchez-Albornoz ha defendido la idea de que el rasgo dominante de aquella sociedad era la abundancia de pequeños campesinos libres y la escasa incidencia de la dependencia. Ello sería la consecuencia de la gran cantidad de tierras a cultivar, así como de la escasez de colonizadores. Otros autores han puesto de relieve el papel desempeñado en el proceso colonizador de la cuenca del Duero por las comunidades de aldea. De todos modos, no hay que olvidar que en ese proceso intervinieron, desde el primer momento, nobles y eclesiásticos, los cuales utilizaban a labriegos dependientes. Asimismo, en el interior de las comunidades de aldea los más fuertes del grupo terminaron por imponerse a los más débiles. De ahí la existencia de sectores campesinos que se encontraban en clara situación de dependencia con respecto a los poderosos. Tal era el caso de los júniores, de los collazos o de los casatos.

En cuanto al sector dominante, a la cabeza se hallaban los magnates, que constituían la alta nobleza, estando por debajo de ellos los infanzones, es decir, la baja nobleza. El sector de los labriegos era muy variado, pues incluía desde campesinos dueños de sus predios hasta, en el escalón más bajo, los casatos, que se encontraban próximos a la servidumbre. No obstante, dentro de los sectores populares emergió el grupo de los denominados caballeros villanos, expresión que aludía a gentes de origen popular que habían logrado adquirir un caballo, lo que los acercaba al estamento nobiliario.

 

lunes, 29 de marzo de 2021

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Textos Edad Media. Temas 26, 29, 30 y 31. Texto PRECEPTO DEL REY CARLOS (a. 844) sobre la inmunidad.

Prácticas  temas 26, 29, 30 y 31. Texto sobre la INMUNIDAD: PRECEPTO DEL REY CARLOS (a. 844),

LA INMUNIDAD: PRECEPTO DEL REY CARLOS (a. 844)

En el nombre de la santa e indivisa Trinidad, Carlos, rey por la gracia de Dios... Sepan todos los fieles de la santa Iglesia de Dios y nuestros, presentes y futuros, que un tal Wilena, varón religioso, abad del monasterio situado en el pago de Gerona, edificado en honor de san Emeterio y Genasio, se presentó ante nos, mostrando privilegio de nuestro señor y progenitor de gloriosa memoria, Luis, concedido a su predecesor el venerable abad Deodato, en el que se contenía cómo nuestro señor y progenitor, por intercesión del marqués Gauzselmo, le había recibido clementemente a él, sus monjes y el referido monasterio con todas sus pertenencias bajo la protección de su inmunidad y defensa. En consecuencia, el abad Wilena, por su parte, nos pidió que, renovando la misma disposición de nuestro señor y progenitor, nos dignáramos igualmente recibirle con sus monjes y el monasterio y todas sus pertenencias bajo la protección de nuestra inmunidad. A cuya petición asentimos libremente y seamos que todos lo sepan le fue concedida. Así pues, al constituir al abad con sus monjes y al monasterio con todas sus pertenencias y granjas sujetas a él la llamada casa de Santa María, junto al río Amera, otra sobre el río Esterra, otras dos situadas en el pago Imporitanense, de las que una llaman Columbario, sobre el río Tacera, y otra Carcer, junto a la orilla del gran mar con la integridad completa de todas sus cosas, bajo nuestra inmunidad y defensa íntegra contra los intentos de cualquier hombre, disponemos y mandamos que ningún. juez público o cualquier otra potestad judicial se atreva a entrar en las iglesias, lugares, campos o demás posesiones del sobredicho monasterio y de las granjas a él sujetas, con el fin de oír causas judiciales, exigir multas, ejercer derecho de paraca u otros tributos, tomar acusados, coaccionar a los hombres de aquéllos, exigir prestaciones ilícitas, ni intente exigir nada de lo sobredicho, por el contrario, permítase al mencionado abad y a sus sucesores y monjes que trabajen en dicho lugar, vivir y poseer tranquilamente las granjas mencionadas, las posesiones y todas las demás cosas pertenecientes al susodicho monasterio, cualesquiera lugares o campos de que se trate, y se les deje con todas las posesiones, que justa y razonablemente poseen actualmente, así como con aquellas con que la divina piedad quisiera engrandecer, mediante sus fieles, aquel sacratísimo lugar. Permítaseles tener y poseer estas cosas con toda seguridad sin contradicción y disminución de nadie, y para su beneficio, cambiarlas razonablemente y para nosotros, nuestra esposa e hijos y la estabilidad de todo nuestro reino, reclamar juntamente con los monjes que allí sirvan al Señor la divina misericordia y para que cuando, reclamado por voz divina el abad o sus sucesores emigren de esta luz, puedan encontrar entre ellos quienes sean capaces de regirlos y gobernarlos según la regla de san Benito, le concedo permiso para elegir entre los mismos abades a quienes, como dijimos, por el mérito de su vida y santidad descuellen. Y para que la autoridad de nuestra confirmación sea firme perpetuamente, firmamos y mandamos sellar con la marca de nuestro anillo. Sello del gloriosísimo rey Carlos.

PRECEPTO DEL REY CARLOS (a. 844), apud R. D'ABADAL. Catalunya Carolingia. vol. 11. Els diplomas carolingios a Catalunya. pp. 11‑13.

 

martes, 23 de marzo de 2021

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Edad Media: Aclaración de conceptos: Santa Hermandad e Inquisición. Tema 29 y 31 oposición.

 Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Edad Media: Aclaración de conceptos: Santa Hermandad e Inquisición. Tema 29 y 31 oposición. 

Instituciones medievales: Santa Hermandad e Inquisicón.

LA SANTA HERMANDAD

El mantenimiento del orden fue logrado mediante la creación de un ejército permanente, solicitado por la ciudad de Burgos para proteger su comercio, seriamente afectado por la proliferación de salteadores. La propuesta burgalesa coincidía con los intereses de la monarquía y quizá fue inspirada por los reyes, que restauraron la Hermandad general del reino pero modificándola considerablemente y poniéndola al servicio no de las ciudades sino de la Corona. La Hermandad será un instrumento de pacificación y también de centralización del reino. La organización municipal se mantuvo en los primeros momentos para facilitar el reclutamiento de los soldados: en cada lugar se elegirían dos alcaldes con autoridad absoluta en los delitos de saqueo, robo de bienes muebles y de ganado, muertes, heridas, incendios... Cada ciudad debería proporcionar un caballero por cada cien vecinos o por cada ciento cincuenta (según el tipo de armas que llevase el caballero)...
El proyecto halló una fuerte oposición en las ciudades por cuanto suponía gastos considerables, pero los reyes mantuvieron la propuesta y para prevenir posibles desavenencias en el futuro se ordenó que a las juntas anuales de la Santa Hermandad acudieran por cada ciudad dos procuradores, uno de los cuales sería nombrado por los reyes, que tendrían así de antemano la mitad de los votos. Se prevén revistas anuales y la creación de una junta permanente o diputación de la Hermandad de la que formaría riaparte un representante de cada una de las ocho provincias en que se consideraba dividido el reino a estos efectos: Burgos, Palencia, Segovia, Ávila, Valladolid, Zamora, León y Salamanca, regiones en las que los reyes disponían de suficiente autoridad para obligar a aceptar sus decisiones; en Andalucía, donde la nobleza controlaba las ciudades, se mantuvo la exención de hidalgos y eclesiásticos, que en los demás lugares contribuyen como cualquier otro vecino al sostenimiento de la Hermandad.

LA INQUISICIÓN

Junto a estos tribunales, que pueden considerarse temáticos y estrechamente asociados al gobierno de la Monarquía, aparece el Consejo de la Inquisición, si bien su jurisdicción territorial sólo comprendía las Coronas de Castilla -las Indias incluidas- y de Aragón, pues no se logró implantar en los Países Bajos, mientras que Portugal tenía sus propios tribunales inquisitoriales, lo mismo que Nápoles. Como tribunal eclesiástico recibe sus poderes del Pontífice, aunque queda vinculado políticamente a los soberanos españoles, ya que el nombramiento del presidente del consejo y de los consejeros corresponde al rey, como también es una prerrogativa suya designar al Inquisidor General -en este caso el nombramiento debe ser confirmado por el Santo Padre-, quien a su vez nombra a los inquisidores provinciales, que son los encargados de velar por la ortodoxia religiosa, persiguiendo la herejía, cualquiera que sea la forma en que se manifieste. El Consejo de la Inquisición, por tanto, actúa como tribunal superior en los delitos relacionados con la fe, al que se puede apelar contra las sanciones de los tribunales provinciales, y, sobre todo, como órgano administrativo que gestiona la hacienda inquisitorial y que supervisa la actuación de los ministros dependientes de su jurisdicción.

viernes, 12 de marzo de 2021

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia Medieval y de España. Textos, Tema 26 (Feudalismo) y Tema 29 (Reinos Cristianos)

 Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia Medieval y de España. Textos, Tema 26 (Feudalismo) y Tema 29 (Reinos Cristianos)

CARTA DE IMNUNIDAD, 1049

Yo, el ya citado rey Fernando (Fernando I)y la reina Sancha: nos place y es nuestra voluntad que para remedio de nuestras almas hagamos a este santo lugar y a ti, el abad Pedro, y a todos los clérigos y consagrados a Dios que allí están, una escritura de confirmación, de modo que en toda la tierra que en las escrituras de este monasterio están recogidas, tanto villas como mandaciones, diligentísimamente con nuestra mente ordenamos de modo que al que hiciere homicidio o rapto o no fuere alfonsado, no tenga licencia nuestro vicario para inquietarlos, ni el conde ni el tiufado, ni ningún hombre en ningún tiempo tomarles pago por ello; sino que tanto el homicidio como el rapto o la fonsadera o cualquier caloña que allí se produjere, corra por mano del vicario de este monasterio, y sean concedidas por nuestras almas. Y en toda la tierra de San Torcuato hagan lo mismo. Y sean los términos del monasterio, desde Ave a Avicella, tal como vuestros escritos determinan. Cuyos términos ningún hombre se atreva a tras asarlos para hacer mal, ni el vicario del rey ni de otro por ninguna acción. ir si alguno lo hiciere y transgrediere esos términos, pague el mal que hiciere conforme a la sentencia de la ley y además un talento de oro. Y todas las villas y mandaciones que están fuera del término y están recogidas en vuestras escrituras, decimos que estén en tal honor, y ningún hombre se atreva a entrar allí para hacer mal; y si lo hiciere, pague la sentencia arriba escrita.

Carta de inmunidad (a. 1049) apud GARCÍA GALLO: ob. cit. n .O 762.