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miércoles, 13 de marzo de 2019

Oposición Geografía e Historia.- Prácticas Historia. Comentario de Textos Historia Antigua: Edicto de Milán. 313.


Aquí os dejo el Edicto de Milán. Os sirve práctica del tema 25 de la oposición de Geografía e Historia, ya que sirve tanto para el tema de la civilización Clásica: Grecia y Roma, al ser clave para entender la crisis del Bajo Imperio Romano. Si os animáis a comentarlo podéis enviarlo y os lo corrijo. Un saludo.


Edicto de Milán (313):  

 Por su parte Licinio, pocos días después de la batalla, tras hacerse cargo y repartir una parte de las tropas de Maximino, llevó su ejército a Bitinia y entró en Nicomedia. Allí dió gracias a Dios con cuya ayuda había logrado la victoria y el día 15 de junio del año en que él y Constantino eran cónsules por tercera vez, mandó dar a conocer una carta dirigida al gobernador acerca del restablecimiento de la Iglesia y cuyo texto es el siguiente:  

 "Yo, Constantino Augusto, y yo también, Licinio Augusto, reunidos felizmente en Milán para tratar de todos los problemas que afectan a la seguridad y al bienestar público, hemos creído nuestro deber tratar junto con los restantes asuntos que veíamos merecían nuestra primera atención el respeto de la divinidad, a fin de conceder tanto a los cristianos como a todos los demás, facultad de seguir libremente la religión que cada cual quiera, de tal modo que toda clase de divinidad que habite la morada celeste nos sea propicia a nosotros y a todos los que están bajo nuestra autoridad. Así pues, hemos tomado esta saludable y rectísima determinación de que a nadie le sea negada la facultad de seguir libremente la religión que ha escogido para su espíritu, sea la cristiana o cualquier otra que crea más conveniente, a fín de que la suprema divinidad, a cuya religión rendimos este libre homenaje, nos preste su acostumbrado favor y benevolencia. Para lo cual es conveniente que tu excelencia sepa que hemos decidido anular  completamente las disposiciones que te han sido enviadas anteriormente respecto al nombre de los cristianos, ya que nos parecían hostiles y poco propias de nuestra clemencia, y permitir de ahora en adelante a todos los que quieran observar la religión cristiana, hacerlo libremente sin que esto les suponga ninguna clase de inquietud y molestia. Así pues, hemos creído nuestro deber dar a conocer claramente estas decisiones a tu solicitud para que sepas que hemos otorgado a los cristianos plena y libre facultad de practicar su religión. Y al mismo tiempo que les hemos concedido esto, tu excelencia entenderá que también a los otros ciudadanos les ha sido concedida la facultad de observar libre y abiertamente la religión que hayan escogido como es propio de la paz de nuestra época. Nos ha impulsado a obrar así el deseo de no aparecer como responsables de mermar en nada ninguna clase de culto ni de religión. Y además, por lo que se refiere a los cristianos, hemos decidido que les sean devueltos los locales en donde antes solían reunirse y acerca de lo cual te fueron anteriormente enviadas instrucciones concretas, ya sean propiedad de nuestro fisco o hayan sido comprados por particulares, y que los cristianos no tengan que pagar por ello ningún dinero de ninguna clase de indemnización. Los que hayan recibido estos locales como donación deben devolverlos también inmediatamente a los cristianos, y si los que los han comprado o los recibieron como donación reclaman alguna indemnización  de nuestra benevolencia, que se dirijan al vicario para que en nombre de nuestra clemencia decida acerca de ello. Todos estos locales deben ser entregados por intermedio tuyo e inmediatamente sin ninguna clase de demora a la comunidad cristiana. Y como consta que los cristianos poseían no solamente los locales donde se reunían habitualmente, sino también otros pertenecientes a su comunidad, y no posesión de simples particulares, ordenamos que como queda dicho arriba, sin ninguna clase de equívoco ni de oposición, les sean devueltos a su comunidad y a sus iglesias, manteniéndose vigente también para estos casos lo expuesto más arriba (...). De este modo, como ya hemos dicho antes, el favor divino que en tantas y tan  importantes ocasiones nos ha estado presente, continuará a nuestro lado constantemente, para éxito de nuestras empresas y para prosperidad del bien público.  

 Y para que el contenido de nuestra generosa ley pueda llegar a conocimiento de todos, convendrá que tú la promulgues y la expongas por todas partes para que todos la conozcan y nadie pueda ignorar las decisiones de nuestra benevolencia". 

LACTANCIO, "De mortibus persecutorum" (c.318-321). Recoge  M. Artola "Textos fundamentales para la Historia", Madrid, 1968, p. 21-22.  


martes, 8 de enero de 2019

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Comentario de Textos Historia Antigua: La ascensión al trono del rey Salomón.


Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia. Comentario de Textos Historia Antigua: La ascensión al trono del rey Salomón. 
LA ASCENSIÓN AL TRONO DE SALOMÓN
El rey David era muy anciano (…) Por aquel tiempo Adonías, hijo de Haggit, decía que él iba a ser el rey. Se había provisto ya de carros, jinetes y una guardia de cincuenta hombres (…). Habló con Joab y con Abiatar, el sacerdote, que le prestaban apoyo. Pero Sadok, el sacerdote, Benías, hijo de Joyada, y Natán, el profeta (…) no estaban a su lado. Adonías hizo un sacrificio (…) e invitó a todos sus hermanos, a los oficiales (…), pero no convocó a Natán el profeta, a Benías o a Salomón.
Dijo entonces Natán a Betsabé, la madre de Salomón: “¿No has oído que Adonías se ha hecho rey y que David desconoce lo sucedido? Ven y te diré lo que has de hacer para tu salvación y la de tu hijo Salomón. Ve junto al rey y dile: ¿No juro tu Majestad a tu sierva que mi hijo Salomón habría de sucederte como rey? (…) ¿Por qué ha constituido Adonías como rey? Cuando tú estés hablando con el rey, yo entraré detrás de ti y expondré todo el asunto”.
Betsabé se presentó, pues, en la cámara privada del rey (…) Entonces el rey hizo el siguiente juramento a Betsabé: “Te juro por el Dios de Israel que Salomón tu hijo me sucederá y que él habrá de sentarse en mi trono (…)”. Dijo también David: “Que vengan Sadok, el sacerdote, y Natán, el profeta, y Benías, hijo de Joyada”.  Entraron a presencia del rey y les dio las órdenes siguientes: “Tomad vuestros hombres; montad a mi hijo Salomón sobre la mula real y dadle escolta hasta Gihón. Que Sadok, el sacerdote, y Natán, el profeta, le unjan allí como rey de Israel. Que resuene la trompeta y se proclame en alta voz: viva el rey Salomón” (…)
Adonías y sus invitados estaban terminando el banquete, cuando el ruido llegó a sus oídos. Joab, oyendo el sonido de la trompeta, exclamó: “Qué es ese griterío en la ciudad?” (…) Mientras hablaba, llegó Jonatán, hijo de Abiatar, el sacerdote (…) y dijo: “Nuestro rey David ha hecho de Salomón su corregente (…)”. Entonces, todos los invitados de Adonías se levantaron llenos de terror y se dispersaron. Adonías mismo, lleno de pánico por Salomón, se fue hacia el altar y se aferró a sus extremos. Enviaron un mensaje a Salomón en los siguientes términos: Adonías tiene miedo del rey Salomón. Se ha aferrado al extremo del altar y ha dicho; “Que el rey Salomón me jure que no dará su siervo a la espada”. Salomón respondió: “Si prueba que es hombre justo no caerá al suelo ni un solo cabello de su cabeza; pero si es injusto morirá”. El rey Salomón envió por él y lo hizo bajar del altar. Adonías se llegó donde el rey y se postró ante él. Salomón le dijo; “Vete a tu casa”.  (1 Re. 1,1-53)
Comentario
El texto que vamos a comentar es histórico-literario, aunque podemos considerarlo como historiográfico. Su temática es la ascensión al trono de Salomón. Forma parte de un texto recopilatorio más amplio en el que se describe la totalidad del reinado salomónico. Los historiadores consideran que en su conjunto se trata de una obra de carácter histórico, no legendaria. Su autor, o la fuente en la que se inspira, ha sido coetáneo a los hechos y vivido en la corte, teniendo, por ello, acceso de primera mano a la vida interna de la corte, siendo testigo de los diversos grupos, partidos y disensiones que se formaron en el período final del reinado de David. De tal forma que el autor ha usado posiblemente un relato breve de esos acontecimientos redactado en la misma época de Salomón, en torno al año 900 a J.C.  Aunque la redacción final que nos llega es aproximadamente del año 600 d. J.C.
El estilo es narrativo, vivo y sencillo. El autor tiene la habilidad de ir presentando y resumiendo lo esencial de la narración en escenas diversas.
En cuanto al análisis del texto podemos señalar que la idea principal del texto es la sucesión del Rey David, anciano y próximo a la muerte. En ese contexto, su hijo mayor, Adonías se declara así mismo como sucesor y se prepara una guardia personal (cincuenta hombres más carros y jinetes), al tiempo que celebra un banquete-sacrificio donde reúne a quienes le apoyan, no a sus adversarios. Mientras tanto, Betsabé, madre de Salomón, intriga en palacio, impulsada por Natán, para lograr que David proclamase a su hijo como su sucesor, lo que logran recordando al rey un antiguo juramento. La designación de Salomón como regente se efectúa según el rito tradicional: toques de trompeta, presentación del rey al pueblo montado en la caballería real, aclamación pública y unción real con óleo sagrado en la fuente de Gihón.
A continuación, se describe el miedo que se apodera del partido contrario ante los hechos consumados y su huida. Adonías se acoge, como suplicante, al derecho de asilo en el altar. Pide a Salomón que respete su vida. Éste se pronuncia ambiguamente y ordena que lo arranquen de la protección del altar. En un primer momento lo dejará libre (cómo se recoge en el texto) pero posteriormente ordenará su muerte.
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