Anexo SANCHO III, el Mayor: 1004 a 1035
Sancho III fue el rey de Pamplona que unificó temporalmente la
España cristiana (992 -1035). Era hijo de García Sánchez, el Trémulo, a
quien sucedió en el Trono en el año 1000, inicialmente bajo un consejo de regencia.
Aprovechando la desintegración del Califato de
Córdoba, dirigió toda su atención hacia los principados cristianos de la
península Ibérica y algunos del otro lado de los Pirineos: siguiendo las ideas
feudales dominantes en la Europa del siglo XI, estableció una red de relaciones
de vasallaje y parentesco que le hizo rey -teóricamente- de un extenso
territorio que iba «desde Zamora hasta Barcelona», incluyendo Gascuña.
Se casó con la
hija del conde de Castilla en 1010, lo cual
facilitó un acuerdo favorable sobre las fronteras entre ambos estados (1016). Anexionó a su reino los condados de
Sobrarbe y Ribagorza, alegando derechos dinásticos para intervenir en sus
conflictos internos contra las pretensiones del conde de Barcelona (1019). Más
tarde sometió también a este último a vasallaje, a cambio de la ayuda prestada
en el conflicto contra su propia madre (hacia 1023). Por las mismas fechas, el
apoyo al conde de Gascuña en su lucha contra el Condado de Toulouse, le
proporcionó al rey de Pamplona el vizcondado del Labourd y el vasallaje de Gascuña (que teóricamente heredó Sancho al morir el
conde, que era su tío).
Su parentesco con la familia condal castellana le permitió igualmente intervenir en aquel estado, apoyando la
autoridad de su cuñado (el conde niño don García) frente a los nobles y a la
intromisión del rey de León; Sancho casó
a su hermana Urraca con el rey leonés para pacificar las relaciones con él
y poder así ejercer libremente su influencia sobre Castilla. Al morir asesinado
el conde don García durante un viaje a León (1029), Sancho ocupó Castilla alegando los derechos sucesorios de su mujer,
a pesar de que existían herederos masculinos con más derechos para regir aquel
Condado.
Esto
hizo estallar la guerra con el rey de
León, que también ambicionaba la anexión de Castilla; la suerte de la guerra
entre los dos reyes favoreció al de Pamplona, que ocupó León, Zamora y Astorga
(1034).
De
ese momento data una acuñación de moneda en la que Sancho se titula emperador.
Sin embargo, su «imperio» fue efímero:
en 1035 el rey leonés reconquistaba su capital (que era la ciudad que daba
derecho a usar el título imperial). Y en
aquel mismo año moría Sancho, dejando sus estados repartidos entre sus hijos:
ü Pamplona, las Vascongadas y la Bureba para García;
ü Castilla para Fernando;
ü Sobrarbe y Ribagorza para Gonzalo;
ü
y Aragón para Ramiro.
AMPLIACIÓN
DEL CONTEXTO Y DE SU REINADO.
Sobrepasado el
año 1000, se sucede una etapa de prosperidad económica, cultural y social que
produce un gran optimismo en los cristianos habitantes del norte peninsular.
Superado el temor a las devastadoras razzias de Al-Mansur y abandonados los
temores milenaristas, el terreno era propicio para una persona de la habilidad
y personalidad de Sancho III, al que la política de alianzas familiares con sus
vecinos castellanos y leoneses, emprendida por la familia Jimena, beneficiaría
en sus ansias expansivas.
Hijo del rey
navarro García Sánchez II, "El Temblón o el Trémulo" y de Jimena,
mujer perteneciente a un linaje nobiliario leonés. Biznieto de Fernán González
y nieto de la infanta castellana Urraca. Marido de Muniadonna, hija del conde
de Castilla Sancho García y cuñado de Alfonso V, rey de León; Sancho tenía
vínculos familiares con todos los territorios anexos a su reino, que se
circunscribía originalmente a Pamplona y la Navarra nuclear; la tierra
najerense y el condado de Aragón.
Es muy probable
que recibiera en herencia el reinado de Pamplona hacia el año 1000, pero sus
primeros pasos estarían supeditados a la regencia de su tío Sancho Ramírez. En
1004 asumiría las riendas personalmente, pero bajo la observación y consejo de
su madre Jimena y su abuela Urraca, que junto con los prelados de Pamplona y
Nájera dirigirían el devenir de su gobierno hasta su plena madurez, que llega
en el año 1011.
La influencia de
su madre leonesa y de su abuela castellana dejarán una profunda huella en la
futura acción del monarca, que enfocará sus miras hacia estos territorios,
amparándose en los lazos familiares que le vinculaban a ellos.
La
expansión de los territorios de Sancho el Mayor
· El condado de Ribagorza: aprovechando la muerte del conde Guillermo
en el año 1010. Momento en que sus dominios pasan a doña Mayor, Esta, la heredera había sido repudiada
después de haberse casado con el conde Ramón III de Pallars, lo éste
aprovechó para hacerse con el condado,
provocando la huida de doña Mayor. Esta
coyuntura fue aprovechada por Sancho III para intervenir a favor de su
pariente y hacerse con el control de Ribagorza y más tarde de Sobrarbe.
· Castilla: En 1017 muere
el conde castellano Sancho García, dejando como heredero al infante García
Sánchez, de tan sólo 7 años. Las injerencias leonesas y la división de la
nobleza ponen en peligro la integridad del condado, lo que provoca la
intervención del monarca pamplonés, como cuñado del infante, que actúa desde
ese momento como tutor. En 1029, en la víspera de su boda con doña Sancha,
hermana del rey leonés Vermudo III, el infante García es asesinado.
Inmediatamente, Sancho III, amparado por la potestad de su esposa, asume la
tutela definitiva del condado de Castilla, al frente del que pone a su segundo
hijo, Fernando, que pasaría a la historia como "El Magno".
· León: Sancho
había aprovechó la muerte de Alfonso V de León en el cerco de Viseo para
ejercer su derecho de tutoría sobre el heredero de la corona leonesa, Vermudo
III, que era menor de edad.
De esta
forma, sus dominios se extienden desde
el condado de Aragón hasta el reino astur-leonés, constituyendo la mayor unidad
territorial de los reinos cristianos peninsulares después de la dominación
musulmana.
Dividió su reino entre sus hijos, acaecida
tras su muerte. A García le correspondió Navarra, Castilla a Fernando, Aragón a
Ramiro y Sobrarbe y Ribagorza a Gonzalo, provocando así que durante muchos
siglos, todos los reyes peninsulares descendieran de un tronco común, el del
pamplonés.
SOBRE SU REINADO
Pese a que en
1031 se produce la desintegración de Al-Andalus en Reinos de Taifas, Sancho III
no dirigió su poder militar hacia el sur. Únicamente se conformó con tomar
algunas posiciones repoblando las orillas del río Gállego y reforzando puestos
fronterizos en las sierras y presierras pirenaicas. Su dominio territorial se
forjó a base de hábiles gestiones familiares y golpes militares escasos,
concretos y certeros en sus fronteras este y oeste, dirigidos hacia sus vecinos
cristianos.
Sancho III
orientó sus relaciones hacia el exterior de la península. En 1010 viajó a
Saint-Jean d'Angely, con motivo del descubrimiento de la cabeza de San Juan el
Bautista. Era el primer viaje de un monarca hispano a una corte extranjera.
Mantuvo relación
con Odilón de Cluny, para cuya abadía destinó importantes sumas económicas y
envío a su hijo García a Roma, lo que demuestra una relación con el Papado.
Sus contactos con
el abad Oliba potenciaron la llegada de clérigos catalanes a sus territorios,
fomentado la penetración de la regla benedictina. Poncio, abad de San Saturnino
de Tavérnoles, pasó a ser obispo de Oviedo y Bernardo, monje de Ripoll, fue el
primer obispo de Palencia, diócesis fundada por Sancho III para dominar los
territorios del Cea y del Pisuerga, origen de litigios fronterizos sempiternos
entre León y Castilla.
Para poder
asegurar sus dominios, desvió el Camino de Santiago hacia el sur, de tal manera
que por un lado fomentaba el tránsito de comerciantes a través de la ruta
xacobea y, por otro, potenciaba una vía de comunicación fluida para el
desplazamiento de sus ejércitos a través de todos sus territorios.
Refundó el
monasterio de San Juan de la Peña en 1025 y mimó San Salvador de Leire, quizás
porque allí pasó su infancia. También potenció la introducción de la regla
benedictina en Irache, Albelda y Oña, monasterio burgalés donde fue enterrado
tras su muerte en 1035.
Como conclusión, cabe decir que
Sancho III no tuvo el afán de unificar todos los reinos peninsulares bajo su
mandato ni pensó en la europeización de sus territorios, su propósito fue
únicamente el de acumular dominios para incrementar su poder, lo que le granjeó
una red de contactos, algunos allende nuestras fronteras, que permitieron la
entrada de nuevas ideas en la península.
De lo contrario,
no se explicaría la división de su reino entre sus hijos, acaecida tras su
muerte. A García le correspondió Navarra, Castilla a Fernando, Aragón a Ramiro
y Sobrarbe y Ribagorza a Gonzalo, provocando así que durante muchos siglos,
todos los reyes peninsulares descendieran de un tronco común, el del pamplonés.
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