Oposición Geografía e Historia: Prácticas de Historia. Metodología:
Guión comentario de mapas históricos.
La lectura de mapas Geohistóricos.
La utilización de mapas geohistóricos es de especial relevancia en
el estudio de la
Historia Contemoporánea , sin perjuicio de que lo sea en el
del estudio de otros tiempos históricos. Para el análisis de la historia de los
siglos XIX y XX los mapas son un instrumento imprescindible por razones
específicas: la entrada en la escena histórica occidental de espacios hasta
entonces desconocidos, la aparición de conflictos bélicos de dimensiones
mundiales, la irrupción de nuevos actores en el marco de las relaciones
internacionales, y en definitiva, la dimensión universal de los rasgos propios
de la contemporaneidad.
El mapa es una ayuda imprescindible para la ubicación espacial del
acontecimiento o proceso, es además un registro de la memoria de las
actividades y acciones del hombre en la historia. A lo largo del siglo XX las
escuelas historiográficas han subrayado la vinculación estrecha que han de
seguir la Geografía
y la Historia
para conjugar el análisis del espacio y el tiempo. Sin embargo, la progresiva
especialización de ambas disciplinas, Geografía e Historia, a partir de las
décadas centrales del siglo, fue en perjuicio de la síntesis de ambas
coordenadas, la temporal y la espacial. Los alumnos de Historia ya no estudian
Geografía y viceversa. La escasa utilización de los mapas en las clases de
Historia fue en perjuicio de las visiones de conjunto y de la elaboración de
marcos geohistóricos de referencia.
Los mapas sirven además para fijar los contenidos en la memoria,
porque son referentes visuales fácilmente reconocibles. Sirven también para
poner en concordancia un marco geográfico con un momento cronológico concreto,
o bien un fenómeno de larga duración. Con los mapas visualizamos los
antecedentes y las consecuencias, los agentes y las voluntades, las estructuras
y las circunstancias de los acontecimientos y fenómenos históricos
Al igual que los textos, los comentarios de mapas geohistóricos
requieren de un método, lo más normalizado posible:
- La tipología de mapas, las épocas a las que hacen referencia e incluso el tema que tratan, marcan las condiciones específicas de los comentarios, siendo poco sensato pensar posible un modelo de comentario único y universal.
- La tipología de mapas, las épocas a las que hacen referencia e incluso el tema que tratan, marcan las condiciones específicas de los comentarios, siendo poco sensato pensar posible un modelo de comentario único y universal.
- Lejos de considerar que los mapas carecen de autores conocidos y
por lo tanto que el tema de la autoría no es importante, o bien que hay mapas
documento y otros que no lo son, conviene contextualizar la naturaleza del mapa
como documento, viendo el origen y finalidad con que fue elaborada la carta, qué
institución u organismo lo encargó y con qué fin. Esta información es
fundamental para valorar la intencionalidad de la representación e incluso
evaluar los errores del mapa como mentiras cartográficas.
- En general, todo comentario de un mapa histórico habrá de
contener las siguientes consideraciones:
1. Una descripción del mapa en sí mismo.
- Su consideración como documento nos
obliga a fijarnos en aspectos formales como la tipología gráfica y aspectos
expresivos, el sistema de signos y leyendas, cuya disposición sobre el plano
expresa en muchas ocasiones la claridad con que el cartógrafo y/o historiador
ha sabido abordar el tema planteado. Para la cartografía ha resultado siempre
un reto principal, solventado con gran creatividad en ocasiones, la representación
de las dinámicas históricas.
2. Una explicación del escenario representado.
- El primer paso es fijar
los límites geográficos plasmados en el mapa: señalización de las
divisiones y subdivisiones. A continuación, se precisa la localización espacio-temporal
del mapa. Las distintas huellas -nombres de ciudades, estados, fechas, símbolos
de batallas...- facilitan la localización. Finalmente, activamos los nexos que
ponen en relación los signos (trazadas, colores, símbolos, flechas...) y las distintas
unidades en que se divide el conjunto.
3. La localización geográfica, temporal y temática.
- Este es el punto en que puede comenzarse el comentario real del
mapa. Se inicia con la determinación del escenario y la datación de los
acontecimientos representados. Conocidos ambos, los elementos del mapa nos
proporcionan la temática central del mismo. La tipología temática de los mapas
geohistóricos en los atlas se ha ampliado de tal manera en las últimas décadas
que resulta difícil ceñirse a unas líneas generales. Aún así, las referencias
clásicas nos hablan de mapas históricos de temas políticos, económicos,
sociales, demográficos y culturales, aunque casi siempre nos enfrentamos a
cartas de naturaleza mixta.
4. Un análisis del tema central.
- Esta fase del comentario exige por
supuesto conocer la cuestión histórica y de la época de referencia a la que se
refiere el mapa. Para ello resulta útil establecer una jerarquización de las
temáticas, principales y secundarias, que pueden leerse en el mapa. Las
cuestiones de carácter complementario ayudan a explicar las dinámicas y cambios
a los que se refiere el tema central, por ello no deben relegarse. Para abordar
el tema central, habrá que incidir en las condiciones históricas que le
confieren toda su relevancia y significación; señalar los antecedentes y
consecuentes de la cuestión.
5. Unas conclusiones.
- En ellas se pueden valorar los hechos
principales situándolos en el contexto general de la Historia y estableciendo
paralelismos con otros escenarios coetáneos o del mismo en otras épocas
significativas. Puede asimismo valorarse la trascendencia del tema para la Historia.
Finalmente, una apuesta importante
desde la Historia
más reciente, que se refiere especialmente a mapas de naturaleza geopolítica,
es el trabajo comparado, siguiendo las pautas antes expuestas, aunque centrando
la atención en las dinámicas del cambio histórico.
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