viernes, 15 de julio de 2022

Materiales didácticos para oposición Geografía e Historia: GEOGRAFÍA FÍSICA: Las precipitaciones: ¿Cómo se generan?

 RELACIÓN ATMÓSFERA-HIDROSFERA.

Humedad + condensación = precipitaciones. 

Si la atmósfera envuelve a la superficie de la Tierra y ésta, en un 75% está cubierta por aguas, es fácil comprender la estrecha relación que se establece entre la hidrosfera y la atmósfera. La existencia de agua en la atmósfera es un factor fundamental en la formación de las precipitaciones.

(El agua de los océanos, mares y lagos se incorpora a la atmósfera a través de la evaporación. Una parte del agua incorporada al aire procede de la transpiración de las plantas. La suma de la evaporación y la transpiración se denomina evapotranspiración. El agua atmosférica es un porcentaje mínimo del total de la masa de la hidrosfera (0,006%), sin embargo, sin esta pequeña cantidad no se podría desarrollar la vida, al menos del modo que hoy conocemos, pues permite las precipitaciones, potencia el efecto invernadero, permite la transferencia energética entre la superficie de la Tierra y la atmósfera, equilibra el balance energético y es un elemento fundamental del confort climático.

La evaporación es un proceso físico por el cual las moléculas de agua, sometidas a movimiento, son capaces de romper su cohesión intermolecular y pasar a la atmósfera. Al haber cambio de estado entra en juego el calor latente de evaporación que se ha descrito anteriormente. Por lo tanto, la evaporación precisa de movimiento y energía para su mayor eficacia.

Si el movimiento es mínimo (aguas estancadas) y la energía reducida (zonas polares) la evaporación es muy reducida, pero no inexistente. Al calentar una olla llena de agua, ésta comienza a hervir, entra en ebullición, lo que se traduce en una mayor agitación del agua y se favorece la evaporación. El movimiento del agua es el mecanismo que acelera y facilita la evaporación.



EL VAPOR DE AGUA Y LA HUMEDAD

El agua en estado gaseoso recibe el nombre de vapor de agua...

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lunes, 16 de mayo de 2022

Animación a lectura. Fichas de lectura 1º ESO: Del nomadismo al sedentarismo.

Animación a lectura. Fichas de lectura 1º ESO: Del nomadismo al sedentarismo.

Competencias lingüística y aprender a aprender.

Lee el artículo y resúmelo:

COMO SE DIO EL PASO DEL NOMADISMO AL SEDENTARISMO

EL PASO DEL NOMADISMO AL SEDENTARISMO

La Prehistoria es la parte de la Historia que estudia la vida del hombre primitivo, desde su aparición en la Tierra, hasta la invención de la escritura. Abarca el periodo más largo del desarrollo de la humanidad, durante el cual se realizaron los primeros progresos, como la aparición del lenguaje y la domesticación de animales y plantas. Teniendo en cuenta los materiales utilizados en la confección de utensilios y armas, los grados culturales alcanzados y los modos de vida, la Prehistoria ha sido dividida en dos edades: edad de piedra (el paleolítico y el neolítico) y edad de los metales.

La caza y la recolección ....

domingo, 16 de enero de 2022

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Texto: La jornada del arrabal de la Sequnda (818). Tema 28: Al-Andalus: política, sociedad y cultura

 Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Texto: La jornada del arrabal de la Sequnda (818). Tema 28: Al-Andalus: política, sociedad y cultura

818. La jornada del arrabal:  

 En 198 (31 de agosto de 813) tuvo lugar en Córdoba la revuelta llamada del arrabal. Los hechos pasaron de la manera siguiente: el príncipe omeya reinante Al-Hakam ben Hixam casi no se ocupaba más que en jugar, cazar, beber y otros placeres semejantes y, por otra parte, la ejecución de muchos de los principales habitantes de la ciudad le hicieron odioso a la población, que era injuriada y maltratada por los mercenarios del emir.  

 El desorden llegó a tal punto que, cuando se convocaba a la plegaria, el populacho gritaba :"¡Ven a rezar, borracho, ven a rezar!", y cuando alguno lanzaba esta injuria, los otros aplaudían. Entonces, Al-Hakam comenzó a rodear Córdoba con un recinto fortificado, guarnecido de zanjas: acuarteló la caballería en la puerta de su palacio, donde había siempre una tropa armada, y aumentó el número de sus mamelucos. Todas estas precauciones no hicieron más que que acrecentar el odio de la población, que estaba persuadida de que quería vengarse de todas sus afrentas. Enseguida estableció el impuesto del diezmo sobre las mercaderías, impuesto que habría de cobrarse cada año sin remisión, lo que fue mal visto por el pueblo. Al-Hakam se apoderó de diez de los príncipales exaltados y les hizo ejecutar y crucificar, con lo que dio ocasión de cólera a las gentes del arrabal. Añádase a todo esto que un mameluco del príncipe llevó su espada a casa de un bruñidor para hacerla limpiar, y como éste la remitiera a su dueño más tarde de lo convenido, el mameluco tomó la espada y golpeó con ella al obrero hasta dejarle muerto. Ocurrió esto en Ramadan (abril-mayo del 814) del año referido. 

 Las gentes del arrabal meridional empuñaron los primeros las armas, y todos los otros arrabales les siguieron. El "chund", los omeyas y los esclavos negros se concentraron en el palacio y Al-Hakam procedió a la repartición de los caballos y de las armas, así como a la reunión de sus compañeros. 

 Se entabló la lucha y fue favorable a las gentes del arrabal, que cercaron el palacio. Entonces Al-Hakam descendió de la terraza donde se encontraba y fue, a caballo y armado, a reanimar el valor de los suyos, que se batieron a su vista con encarnizamiento (...) 

 Al-Hakam consultó con Abd al-Qarim ben Abd al-Wahid ben Abd al-Mugayth, su último confidente, quien le aconsejó clemencia. Tal fue el partido que tomó el príncipe, a pesar del dictamen contrario emitido por otro, y perdonó a los rebeldes, pero con amenaza de muerte y crucifixión para todos los habitantes del arrabal que no hubiesen partido del arrabal en el plazo de tres días. Los sobrevivientes salieron a escondidas, expuestos a toda clase de penas y humillaciones, llevando lejos de Córdoba a sus mujeres, sus hijos, sus riquezas de más fácil transporte. Los soldados y malhechores estaban en acecho para saquearles y mataban a quienes osaban resistir. 

 Terminado el plazo de tres días, Al-Hakam dió orden de respetar a las mujeres, a las que reunió en el mismo lugar, e hizo destruir el arrabal meridional (de Secunda) (...) 

BEN AL-ATHIR, "Kamil fi-l-Tarif", según versión francesa de Fagnan, pp. 165-177. Recoge J.L. MARTIN, "Historia de España. Alta Edad Media", Historia 16, Madrid, 1980, p. 50.  

INFORMACIÓN PARA EL COMENTARIO:

Cordoba, siglo IX. Durante el reinado de al-Haqem I, los habitantes del arrabal de Shaqunda (actual Maraflores), agobiados por los impuestos, se rebelaron contra el emir en el 818 dC, en un levantamiento civil que duró tres días. Dominada la insurrección, y a modo de castigo, el barrio fue incendiado y sus habitantes, ejecutados o exiliados (tuvieron que abandonar Córdoba unas 20000 familias que habitaban el arrabal, una cuarta parte de la población total de la ciudad).

Aquellas familias cordobesas desterradas cruzaron el mar y 7000 de ellas encontraron refugio en Marruecos, contribuyendo activamente en la fundación de la ciudad de Fez. El resto continuó durante años su éxodo por el norte de África y en navíos a través del Medietrráneo, hasta reencontrarse en Alejandría, donde comenzaron una gesta casi desconocida en España.

Los proscritos del arrabal, liderados por Abu Hafs al-Balluti -un natural de los Pedroches- conquistaron Alejandría, instaurando el Estado independiente de Alejandría. Tras su expulsión de Egipto, arrebataron Creta y otras islas de menor tamaño a Bizancio en el año 827, fundando allí un emirato cordobés que peduró casi siglo y medio. Allí pudieron recrear su segunda Córdoba, acuñaron su propia moneda, aclimataron a la isla cultivos, implantaron la  industria sedera, explotaron sus minas, impulsaron un comercio floreciente y abrieron la isla al mundo.

CONTEXTO GENERAL:

Si las regiones meridionales del emirato de Córdoba, aparentemente más tranquilas, atrajeron durante su reinado mucho menos la atención, el emir al-Hakam I tuvo que hacer frente dentro de la misma Córdoba, a la gran revuelta llamada La Revuelta del Arrabal, que se produjo en el barrio que, dado el crecimiento de la ciudad, se había edificado por el sur, al otro lado del Guadalquivir.

La política del tercer soberano omeya, considerada tiránica y poco acorde con las normas islámicas, provocó en el 818 la sublevación de una población sensible a la opinión crítica que los fuqaha (alfaquíes) más influyentes expresaban contra el régimen. La represión fue muy dura: el saqueo del arrabal sublevado duró tres días y aunque se perdonó a los fuqaha, se crucificó a trescientos notables. El resto de la población, varios miles de habitantes según las crónicas, fue expulsado de la ciudad y se exilió, bien en Toledo, bien en Marruecos. Un poco más tarde, los primeros pasaron al Mediterráneo oriental, donde reforzaron a un grupo de marinos-piratas de origen andalusí que ocupaba Alejandría; juntos se apoderaron de la Creta bizantina en el 827. Los segundos contribuyeron al poblamiento de Fez, recientemente fundada por los idrisíes, donde construyeron la ciudad llamada de los Andalusíes. Con estos métodos expeditivos, al-Hakam I dejó a su muerte, en el 822, un Estado bastante organizado, donde las revueltas locales de las que hablan las crónicas no parecen haber amenazado seriamente el poder central.

Su hijo Abd al-Rahman II pudo reinar sin demasiadas dificultades sobre un Estado bastante organizado administrativa y fiscalmente, como demuestra el volumen de emisiones monetarias que crecía regularmente. Se le atribuye generalmente una obra importante de refuerzo del gobierno y la administración (aumento del número de agentes del Estado, jerarquización de los cargos, racionalización de la organización fiscal y monetaria), inspirada en el ejemplo del califato de Bagdad. El gráfico del aumento del nivel de emisión monetaria bajo el emirato no refleja, sin embargo, una ruptura notable en la evolución de las emisiones, que, como se volverá a decir más adelante, aumentaron casi regularmente desde la reanudación de la acuñación bajo Abd al-Rahman I. Sin quitarle a Abd al-Rahman II el mérito de la mejora sensible de la organización y funcionamiento del Estado, que registran las fuentes, hay que resaltar también la continuidad de la acción de la dinastía, favorecida por la duración de los reinados de al-Hakam y del de su hijo y sucesor.

 

AMPLIACIÓN INFORMACIÓN:

La Revuelta del Arrabal tuvo lugar en el arrabal de Segunda de la ciudad de Córdoba, capital del Emirato independiente de Córdoba, en la primavera del año 818, coincidiendo con el ramadán, durante el gobierno del emir omeya Al-Hakam I. La revuelta pretendía expulsar a los Omeyas de la ciudad de Córdoba pero fracasó y fue duramente reprimida por el emir.

Antecedentes

La ciudad de Córdoba fue convertida por los conquistadores musulmanes, que en 711 habían puesto fin al Reino visigodo de Toledo, en la nueva capital de su estado, lo que provocó un gran crecimiento de su población que pronto desbordó el recinto amurallado de la época romana. Así, crecieron varios arrabales entre los que destacó Saqunda, situado al otro lado del río Guadalquivir frente a la mezquita y al alcázar, y habitado por artesanos y comerciantes.

En el año 796, Al Hakam I sucedió a su padre Hisham I al frente del Emirato independiente de Córdoba. Algunas fuentes retratan a Al Hakam I como un déspota sanguinario ―ordenó crucificar a todos los implicados en una conspiración contra su gobierno― y, por otro lado, decretó el aumento de los impuestos lo que provocó rebeliones contra la autoridad de los Omeyas en algunas ciudades como Mérida y Toledo. También hubo muestras de descontento en la propia capital provocadas no solo por el aumento de las exacciones fiscales sino también por su conducta. Se le acusaba de impiedad y de estar más preocupado por el vino que por la plegaria. De hecho se produjeron algunos disturbios en los que a punto estuvo de perecer el prefecto de la ciudad y que se saldaron con la crucifixión cabeza abajo de uno de los agitadores,

La revuelta

El motivo que disparó la revuelta fue un altercado entre un guardia del emir y un artesano en el que este resultó muerto. Los amotinados se dirigieron al puente sobre el Guadalquivir que unía la ciudad con el arrabal con el objetivo de tomar el alcázar. Consiguieron cruzarlo y atacaron la muralla concentrándose en la Puerta del Puente. Los soldados del emir acudieron a defender esa puerta, pero pronto se vieron desbordados por la llegada de gentes del interior de la ciudad y de otros arrabales que se sumaron a la revuelta. Solo una hábil estratagema de un cadí al servicio del emir logró salvar la situación. Con un grupo de jinetes salió por otra puerta de la ciudad y se dirigió al arrabal de Saqunda vadeando el río aguas arriba. Sus hombres mataron a todos los que se encontraron a su paso y desde el arrabal se dirigieron al puente para cruzarlo y sorprender a los amotinados por la retaguardia. Cuando estos se dieron cuenta de la maniobra abandonaron el asedio del alcázar y regresaron a Saqunda. Allí durante varios días las tropas del emir se dedicaron al saqueo y a apresar a los rebeldes, hasta que Al-Hakam I concedió una tregua. Como ha señalado Eduardo Manzano Moreno, «el emir era consciente del grave peligro que había corrido. En el parte de victoria que ordenó redactar entonces se despachó contra los rebeldes tildándolos de depravados, canallas y esclavos que habían osado rebelarse contra su autoridad legítima»

Consecuencias:

La represión que ordenó Al-Hakam I fue feroz. El arrabal fue arrasado y se prohibió que se construyeran viviendas en el lugar. «El resultado de la revuelta de Arrabal fue un completo triunfo para al-Hakam. El emir impuso los nuevos tributos sobre la gente de la capital y de las kuras (provincias)

Emirato de Creta

Los habitantes de Saqunda que no habían muerto o no habían sido hechos prisioneros fueron obligados a abandonar Córdoba. Unos se marcharon a Toledo, otros emigraron al norte de África, asentándose la mayoría en un barrio de la recién fundada ciudad de Fez​gracias al emir Idrís II. Algunos exiliados llegaron hasta Alejandría y tomaron el control de la ciudad hasta 828, cuando fueron expulsados por el general abasí Abdalah ibn Táhir, y decidieron instalarse en la isla de Creta y fundar el denominado Emirato de Creta, que plantó cara al Imperio bizantino durante casi 140 año

 

 

 


Oposición Geografía e Historia. Prácticas de Historia. Comentario de Texto Historia de España: Campañas de Alfonso I en el Duero. Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

Oposición Geografía e Historia. Prácticas de Historia. Comentario de Texto Historia de España: Campañas de Alfonso I en el Duero.  Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

 Campañas de Alfonso I, vaciamiento de la cuenca del Duero y repoblación de las montañas y costa cantábricas:  

 Muerto éste, fue elegido rey por todo el pueblo Alfonso, quien, con la gracia de Dios, tomó el cetro del reino y consiguió dominar siempre la fuerza de los enemigos. Con su hermano Fruela dirigiendo el ejército tomó muchas ciudades. Estas son: Lugo, Tuy Oporto, Anegiam, Braga, Viseo, Chaves, Ledesma, Salamanca, Numancia, que ahora llaman Zamora, Avila, Astorga, León, Simancas, Saldaña, Amaya, Segovia, Osma, Sepúlveda, Arganza, Clunia, Mave, Oca, Miranda, Revenga, Carbonera, Abalos, Cenicero y Alesanco, con sus castillos, villas y aldeas. Matando a todos los árabes llevó consigo a los cristianos a la patria. En ese tiempo se poblaron Asturias, Primorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, Bardulias, que ahora llaman Castilla, y la parte marítima. Y Galicia, Alava, Vizcaya, Alaon (¿Ayala?) y Orduña siempre habían sido poseídas por sus habitantes, así como Pamplona, Deyo y Berrueza (...) 

GOMEZ MORENO, M. "Las primeras Crónicas de la Reconquista: el ciclo de Alfonso III", B.R.A.H., T.C., 1952, pp. 615-616.  

Para realizar el comentario de forma precisa os adjunto la siguiente información, tomada íntegramente de Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar: Alfonso I | Real Academia de la Historia (rah.es)

 

ALFONSO I de Asturias.

Alfonso I. ?, f. s. VII-p. s. VIII – Cangas de Onís (Asturias), 757. Rey de Asturias.

La prematura muerte de Favila (739), con hijos presumiblemente de corta edad, plantea un problema sucesorio en el centro de poder de Cangas de Onís que se resuelve con la promoción al caudillaje del núcleo de resistencia astur de su cuñado Alfonso, primero en la serie de monarcas hispanos de este nombre. Tanto la Crónica de Alfonso III, en sus dos versiones, como la Albeldense, fuentes narrativas fundamentales para el conocimiento de la historia política del reino de Asturias, facilitan abundante información sobre el círculo familiar del nuevo monarca y sus vínculos con Pelayo, a través de su matrimonio con su hija Ermesinda, que aparece como causa justificativa última de su acceso al trono mediante elección popular. Otro documento de excepcional interés para esta época, el famoso Testamentum Adefonsi del año 812, al hacer la genealogía de Fruela, hijo de Ermesinda y Alfonso, silencia el nombre de éste, estableciendo la relación sucesoria de aquél por vía matrilineal que le lleva a su abuelo Pelayo. A Alfonso I lo presentan aquellos textos cronísticos de fines del siglo IX como hijo de Pedro, duque de Cantabria o de los cántabros, ennobleciendo su estirpe goda las dos versiones de la Crónica de Alfonso III con una pretendida ascendencia regia, en un afán de legitimación de orígenes de los monarcas astures que entroncarían así por vínculos de sangre con la extinta realeza visigoda. El texto Rotense de la crónica alfonsina alude a la llegada a Asturias de Alfonso en tiempo de Pelayo, casándose con su hija Ermesinda, según la Albeldense “por iniciativa del propio Pelayo”, con quien habría combatido ya contra los musulmanes. En cualquier caso, la jefatura de Alfonso significaba en términos políticos la formalización de una alianza astur-cántabra desde los primeros tiempos del Asturorum Regnum; y la soldadura de los dos linajes, el pelagiano y el de Pedro, entre cuyos descendientes recaerá exclusivamente —con la única excepción del breve reinado de Silo (774-783)— la corona del reino, afirmándose finalmente, a partir de Ramiro I y no sin frecuentes y conflictivas contestaciones, el principio de sucesión patrilineal que parece vincularse al tronco familiar del antiguo duque de Cantabria a través de los descendientes de su hijo Fruela, hermano de Alfonso I.

Durante los casi veinte años de su caudillaje (739-757), el pequeño núcleo astur con centro en Cangas de Onís no sólo logra preservar su independencia, sino que inicia decididamente su expansión territorial por los extremos occidental y oriental de la región de Primorias, entre el Sella y el Deva, desbordando ampliamente los límites de las Asturias nucleares. Por otra parte, Alfonso I lleva a cabo una serie de victoriosas campañas militares en los vastos territorios que se extendían al sur de la cordillera Cantábrica, procediendo además a la reorganización interna de los espacios norteños o transmontanos encuadrados, con mayor o menor grado de integración, en la órbita política de la Corte de Cangas. Tales campañas, así como sus consecuencias y la actividad de repoblación interior en las tierras del reino, son conocidas por los relatos singularmente expresivos que de ellas hacen las crónicas ovetenses de fines del siglo IX, en especial la de Alfonso III. Tales informaciones, teniendo en cuenta los intereses políticos del Monarca que inspira su redacción —el propio Alfonso III— deben ser acogidas e interpretadas con bastantes reservas, como se ha venido haciendo en los últimos años, abriéndose así un animado debate historiográfico, con posturas extremas difícilmente conciliables, que dista mucho de estar resuelto en la actualidad.

Para la puesta en marcha de sus acciones militares contra los musulmanes Alfonso I contó no sólo con unas fuerzas propias que no debían ser de gran entidad, sino y acaso en mucha mayor medida con las favorables circunstancias que le brindaban, de una parte, las luchas internas de la España musulmana —sublevación de los beréberes contra los árabes y evacuación por aquéllos de sus asentamientos en el cuadrante noroccidental de la Península— y de otra el azote del hambre, con la inevitable secuela del drenaje demográfico, que en los años medios del siglo VIII parece que hizo grandes estragos en los territorios de la Meseta. Las fuentes árabes ofrecen expresivos testimonios de esta situación que iba a brindar una favorable coyuntura al proyecto político expansionista del primer Alfonso. Acompañado en sus expediciones militares de su hermano Fruela, cabeza del linaje de los últimos monarcas astures, recorrió triunfalmente, según el testimonio de la Crónica de Alfonso III, Galicia y el norte de Portugal, las tierras situadas al sur de la cordillera Cantábrica, hasta el Duero, traspasando en sus incursiones este río, y las comarcas de la cuenca alta del Ebro.

La Crónica Albeldense, con su laconismo habitual, refiere la conquista por Alfonso I de las ciudades de León y Astorga, añadiendo que el monarca devastó los Campos Góticos hasta el Duero y “extendió el reino de los cristianos”. Mucho más explícita, la crónica regia en sus dos versiones hace una detallada enumeración de las ciudades y fortalezas “con sus villas y aldeas” que el belicoso Rey asturiano, junto con su hermano Fruela, tomó a los musulmanes a lo largo de una extensa franja territorial que tendría como límites extremos, por el occidente la costa atlántica y por el este las tierras de la cuenca alta del Ebro, al sur del país de los vascos. Entre esas plazas, que se citan nominalmente —veintinueve en la versión Rotense, treinta y uno en el texto “a Sebastián”— se encontraban la mayoría de los más importantes centros urbanos de tradición romano-gotica existentes en los vastos espacios sometidos a las devastadoras incursiones del Monarca.

Carente de recursos humanos y materiales, Alfonso I no pudo, ni pretendió, consolidar todas estas espectaculares conquistas. Sin embargo, sus rápidas y brillantes campañas tendrían una importancia grande para el futuro del Reino de Asturias: la defensa de su integridad territorial se reforzaba por la existencia de una amplísima zona despoblada que se extendía entre la cordillera Cantábrica y el Duero, prolongándose incluso más allá de este río. Esos territorios asolados por las campañas del Rey asturiano, particularmente la Tierra de Campos, constituirán en lo sucesivo un “yermo estratégico” que se interpondrá como barrera difícilmente franqueable entre la España islámica y el corazón del reino asturiano. Los habitantes de esas tierras del valle del Duero, sometidas hasta entonces al dominio musulmán, serían transplantados a las tierras transmontanas, repoblándose intensamente los espacios que se extendían entre la cordillera y el mar, desde las costas galaicas hasta la margen izquierda del Nervión, ya en tierras vascongadas o vasconizadas de la actual provincia de Vizcaya: “Por ese tiempo —dice la Crónica de Alfonso III— se pueblan Asturias, Primorias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, las Vardulias, que ahora se llaman Castilla, y la parte marítima de Galicia”. Esta franja norteña constituye, al finalizar el reinado de Alfonso I, el marco territorial, considerablemente ampliado en relación con la época precedente, del reino cristiano del que Asturias, su núcleo originario, continuó siendo el centro geográfico y político. Dos comarcas fronterizas y expuestas en el futuro a las continuas razias islámicas, protegían los flancos de aquellos territorios: por occidente Galicia, y al este las tierras de la Bureba, Rioja y Álava, zona esta última de límites imprecisos englobada, al menos parcialmente, dentro del área vascongada.

La precedente exposición de las campañas de Alfonso I y sus consecuencias, deducida de la aceptación de las informaciones de los ricos textos cronísticos que las relatan y de la interpretación que de tales textos hizo en su día Claudio Sánchez-Albornoz, resume la que podría calificarse de tesis tradicional sobre el problema historiográfico de la despoblación del valle del Duero y consiguiente repoblación interior del reino de Asturias. Pero, ¿en qué medida esta propuesta interpretativa refleja la realidad de los hechos? ¿Cuál fue el alcance real de la despoblación del valle del Duero y del trasplante de población de esas áreas sureñas devastadas por las correrías alfonsinas que, según la expresiva referencia de la Crónica de Alfonso III, el Monarca “llevó consigo a la patria”, es decir, a las tierras insumisas norteñas? La tesis patrocinada por Sánchez-Albornoz, favorable a la despoblación efectiva y de gran alcance de la Meseta sería contestada por Ramón Menéndez Pidal, negando la efectividad del despoblamiento masivo expresamente atribuido por la crónica regia a las campañas del primer Alfonso y la de una consiguiente repoblación de las tierras comprendidas entre la cordillera Cantábrica y el mar con los contingentes humanos que el Monarca, siempre según el texto cronístico, habría llevado consigo a esas tierras norteñas. La despoblación de la vasta cuenca del Duero quedaría reducida a términos relativamente modestos y un reducido alcance tendría, consecuentemente, la repoblación con los efectivos provenientes de las tierras sureñas en las comarcas septentrionales que la Crónica de Alfonso II dice que “se pueblan” por el primer Alfonso y que no parece que hubiesen sufrido quebranto demográfico apreciable. El término poblar tendría, según Menéndez Pidal, el sentido de “reducir a una nueva organización político-administrativa una población desorganizada, informe o acaso dispersa a causa del trastorno traído por la dominación musulmana, por breve y fugaz que hubiese sido”. Sánchez-Albornoz se reafirmaría en su tesis despoblacionista del valle del Duero y favorable también a la consiguiente repoblación de las tierras norteñas del reino, con la aportación de ingentes argumentos documentales de todo tipo, abriéndose así un debate historiográfico que continúa vivo y ha suscitado en los últimos años adhesiones más o menos matizadas a una u otra posición o nuevos desarrollos e interpretaciones de las mismas.

Acaso el planteamiento de lo que pudo haber sido la “despoblación del valle del Duero”, cuyo alcance exacto quizá nunca sea posible establecer, deba hacerse no desde la consideración global de esos grandes espacios que se extienden al sur de la cordillera cantábrica y de la franja norteña de Galicia sino tomando en consideración sectores parciales de los mismos, porque todos los indicios parecen apuntar a una desigual incidencia de esa pretendida despoblación según las áreas regionales a las que pudo afectar. Es probable que en relación con el alcance de ese proceso de vaciamiento demográfico y con las áreas más profundamente afectadas, la Crónica Albeldense, en principio siempre la más digna de crédito entre las fuentes narrativas asturianas, dé una visión más próxima a la realidad que la muy amplificada y radical versión de los hechos que ofrece la Crónica de Alfonso III, mucho más condicionada por los presupuestos ideológicos neogoticistas imperantes en el círculo cortesano ovetense de fines del siglo IX. Así, el sector leonés, del que la Albeldense cita expresamente las ciudades de León y Astorga como objeto de las expediciones de conquista de Alfonso I, y los “Campos Góticos, hasta el Duero”, asolados por este mismo monarca según el mismo texto cronístico, habrían constituido el espacio más seriamente afectado por la despoblación. Tampoco parece rechazable la extensión de las campañas de Alfonso I, continuadas después por su hijo y sucesor Fruela, sobre la región galaica, donde, sin embargo, no es admisible una despoblación, entendida aquí en el sentido de vaciamiento demográfico, que no permite suponer el curso de los acontecimientos que tendrán por escenario en el futuro próximo ese espacio galaico, cuyas estructuras político-administrativas y eclesiásticas en alguna medida debieron resultar afectadas desde los primeros tiempos de la conquista islámica. Se hace igualmente difícil admitir la despoblación radical de las tierras que se extienden entre el Miño y el Mondego, en las que la historiografía portuguesa ha defendido tradicionalmente la permanencia de sus habitantes.

En cuanto al sector más oriental de la Meseta superior, que englobaría los términos de la futura Castilla hasta la cuenca del Ebro en tierras riojanas y, por el sur, hasta el Duero, también deben extremarse las cautelas a la hora de medir el alcance de la despoblación sugerida por el relato de la Crónica de Alfonso III. Los valles altos que descienden desde la cordillera hacia las tierras llanas de la futura Castilla no debieron verse afectados por un serio quebranto demográfico derivado de las campañas alfonsinas, ni seguramente las tierras alavesas que, según la misma crónica regia, siempre habían estado en poder de sus gentes y que aparecen soldadas sin solución de continuidad con esas “Vardulias, que ahora se llaman Castilla” y que constituyen uno de los escenarios de la acción “pobladora” de Alfonso I, en expresión del mismo texto cronístico.

Finalmente, y por lo que respecta a las tierras situadas al sur del Duero hasta el Sistema Central y en las que se localizan un número pequeño de las plazas citadas en la pormenorizada relación de la Crónica de Alfonso III, el alcance de la despoblación tampoco es fácil de establecer, pero en ningún caso llegaría a suponer un vaciamiento demográfico de toda la zona extremadurana. En conclusión, no parece que sea aceptable la tesis de una radical desertización del valle del Duero, pero sí la de una efectiva despoblación, de desigual alcance regional, como consecuencia de unos hechos, las campañas de Alfonso I, que debieron ajustarse más a la moderada referencia que de ellas da la Crónica Albeldense que a la amplificación, claramente interesada y propagandística, de los pasajes de la Crónica de Alfonso III. Debe tenerse en cuenta, por otra parte, que las incursiones regias actuaban, con efecto acumulativo, sobre unas tierras ya sometidas a un proceso de drenaje demográfico y desarticulación administrativa que tales campañas no harían más que acentuar. La despoblación sería especialmente sensible en el sector central de la meseta superior, pero la desorganización de los cuadros político-administrativos y eclesiásticos y la ruina urbana, compatible, desde luego, con una continuidad de grupos de población que pudieron ser relativamente numerosos en las áreas marginales de aquel sector central, no parece que puedan negarse y es probable que afectasen, si no a todas, sí a la mayoría de las ciudades y villas registradas en la crónica regia como objeto de conquista por Alfonso I. La admisión de la permanencia de vida urbana 

2º Bachillerato: Historia de España. Oposición Geografía e Historia. Prácticas de Historia: Comentario de Texto: Crónica musulmana sobre la conquista: Al-Andalus: política, sociedad y cultura

 2º Bachillerato: Historia de España. Oposición Geografía e Historia. Prácticas de Historia: Comentario de Texto: Crónica musulmana sobre la conquista: Al-Andalus: política, sociedad y cultura

Ocupación de España por los musulmanes:  

 En la era del 749, mientras por dichos enviados (Tariq y otros) se devastaba España y se combatía con gran furor, no sólo contra los enemigos, sino también entre sí, Muza (...) entró hasta la ciudad real de Toledo, castigando a las ciudades vecinas con mala paz fraudulenta, y a algunos nobles, señores varones que de algún modo se habían quedado, llegando a Toledo huyendo de Opas, hijo del rey Egica, los mató con la espada en el patíbulo, y con este motivo mató a todos  con la espada. 

 De este modo, no sólo la España Ulterior, sino también la Citerior, hasta Zaragoza, antiquísima y floreciente ciudad, abierta ya por manifiesto juicio de Dios, la despobló con la espada, el hambre y el cautiverio; destruyó, quemándolas con el fuego, las bellezas ciudadanas; envió a la cruz a los señores y poderosos del siglo, y descuartizó con los puñales a los jóvenes y pequeños. Y así incita a todos con semejante terror, y algunas ciudades que habían quedado, viendose forzadas, piden la paz, y persuadiendo o burlando con astucia a algunos no de modo acostumbrado, concede lo pedido. 

 Pero, los que habiéndola obtenido, se niegan a obedecer, aterrados por el miedo, e intentan huir a los montes, mueren de hambre y de diversas muertes. Y en la misma desgraciada España, en Córdoba, en la antigua sede patricia, que siempre había sido la más opulenta de las ciudades vecinas y hacían las delicias del reino visigodo, colocan el inhumano reino. 

"Crónica Mozárabe del 754". Ed MOMMSEN, Chron. minora, II, 353. Recogido en GARCIA GALLO, "Manual de Historia del Derecho Español, vol. II, Antología de fuentes del Antiguo Derecho", pp.432-433.  

 

2º Bachillerato: Historia de España. Oposición Geografía e Historia. Prácticas de Historia: Comentario de Texto: El pacto de Teodomiro: Al-Andalus: política, sociedad y cultura.

 2º Bachillerato: Historia de España. Oposición Geografía e Historia. Prácticas de Historia: Comentario de Texto: El pacto de Teodomiro:  Al-Andalus: política, sociedad y cultura.

El pacto de Teodomiro con Abd Al-Aziz:  

 En el nombre de Allah clemente y misericordioso. Escrito dirigido por Abd Al-Aziz ibn Musa ibn Nusayr a Tudmir ibn Abdush. 

 Este último obtiene la paz y recibe el compromiso, bajo la garantía de Allah y la de su profeta, de que no será alterada su situación ni la de los suyos; de que sus derechos de soberanía no le serán discutidos; de que sus subditos no serán asesinados, ni reducidos a cautividad, ni separados de sus mujeres e hijos, de que no serán estorbados en el ejercicio de su religión; y de que sus iglesias no serán incendiadas ni despojadas de los objetos de culto que en ellas existen; todo ello mientras cunpla las cargas que le imponemos. Le es concedida la paz mediante estas condiciones que regirán en las siete ciudades siguientes: Orihuela, Baltana, Alicante, Mula, Elche, Lorca e Iyyith. Además no deberá dar asilo a nadie que huya de nosotros, o que sea nuestro enemigo; ni hacer daño a quien goce de nuestra amnistía; ni mantener ocultas las noticias relativas a los enemigos que lleguen a su conocimiento. El y sus súbditos deberán pagar al año un tributo personal consistente en un dinar en metálico, cuatro almudes de trigo y cuatro de cebada, cuatro medidas de mosto, cuatro de vinagre, dos de miel y dos de aceite. Esta tasa quedará reducida a la unidad para los esclavos. Lo cual firmaron como testigos Uthman ben Abi Abda al-Quraixí y Habib ben Abi Ubaida al-Fihrí y Abd Allah ben Maisara al Fahtimí y Abu-l-Qasim al-Udhailí. Escrito a cuatro de rachab del año 94 de la Héjira. 

Ed. E. LEVI PROVENÇAL, "España musulmana", Historia de España, IV, Madrid, 1950, p. 21 y C.SANCHEZ ALBORNOZ, "La España muslmana", I. Buenos Aires, 1960, pp. 42-43.  

 

2º Bachillerato: Historia de España. Oposición Geografía e Historia. Prácticas de Historia: Comentario de Textos Historia de España: Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

 2º Bachillerato: Historia de España. Oposición Geografía e Historia.  Prácticas de Historia: Comentario de Textos Historia de España: Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

La figura de Pelayo vista por los musulmanes:  

 Dice Isa ben Ahmand Al-Razi que en tiempos de Anbasa ben Suhaim Al-Qalbi, se levantó en tierra de Galicia un asno salvaje llamado Pelayo. Desde entonces empezaron los cristianos en Al-Andalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islamitas, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta llegar a Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían qué comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo: "Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?". En el año 133 murió Pelayo y reinó su hijo Fafila. El reinado de Pelayo duró diecinueve años y el de su hijo dos. Después de ambos reinó Alfonso, hijo de Pedro, abuelo de los Banu Alfonso, que consiguieron prolongar su reino hasta hoy y se apoderaron de lo que los musulmanes les habían tomado. 

"Nafh al-tib" de Al-Maqqari. Trads. LAFUENTE ALCANTARA, Col. Obr.Ar.Ac.Ha., I. p. 230 y M.ANTUÑA;C. SANCHEZ ALBORNOZ, "Fuentes de la historia hispano-musulmana", siglo VIII, p. 232.  

viernes, 7 de enero de 2022

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Texto: Crónica mozárabe sobre .as calamidades de España ante la irrupción musulmana (744). Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

  Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Texto: Crónica mozárabe sobre .as calamidades de España ante la irrupción musulmana (744). Tema 29: La expansión de los reinos cristianos en la península Ibérica.

Crónica mozárabe sobre .as calamidades de España ante la irrupción musulmana (744)

 ¿Quién podrá pues narrar tan grandes peligros? ¿Quién podrá ennumerar desastres tan lamentables?. Pues aunque todos los miembros se convirtiesen en lengua, no podría de ninguna manera, la naturaleza humana referir la ruina de España ni tantos y tan grandes males como ésta soportó. Pero para contar al lector todo en breves páginas, dejandode lado los innumerables desastres que desde Adán hasta hoy causó, cruel, por innumerables regiones y ciudades, este mundo inmundo, todo cuanto según la historia soportó la conquistada Troya, lo que aguantó Jerusalén, según vaticinio de los profetas, lo que padeció Babilonia, según el testimonio de las Escrituras, y, en fín, todo cuanto Roma enriquecida por la dignidad de los Apóstoles, alcanzó por sus mártires, todo esto y más lo sintió España, tanto en su honra, como también de su deshonra, pues antes era atrayente, y ahora está hecha una desdicha. 

"Crónica mozárabe de 754", cap. 6. Ed. J.E. LOPEZ PEREIRA  




Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Texto: Votación del compromiso de Caspe.

 Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Texto:  Votación del compromiso de Caspe.  Tema 31:  Los reinos peninsulares en los siglos XIV y XV. Conflictos sociales. Diversidad cultural.

1412. Votación del compromiso de CASPE. 8 de junio de 1412.

1 Yo, fray Vicente Ferrer, de la Orden de Frailes Predicadores y maestro en santa Teología, uno de los citados diputados, digo, según mi saber y parecer que al ínclito y magnífico don Fernando, infante de Castilla, nepote o nieto de don Pedro IV, de feliz recuerdo, rey de Aragón, padre del rey don Martín, de excelsa memoria, último fallecido, el más próximo varón procreado en legítimo matrimonio y a la vez unido en grado de consanguinidad con dicho rey don Martín por dicho Parlamento, súbditos y vasallos de la Corona de Aragón ha de prestarse el deber de fidelidad, y al mismo, como cierto verdadero rey y señor, en justicia, según Dios y mi conciencia deben haberle y tenerle. Y en testimonio de lo anterior, suscribo esto con mi propia mano y le pongo mi sello colgante.

2 Yo, Domingo, obispo Oscense, Doctor en leyes, uno de dichos diputados, en todo y por todo me adhiero al voto y propósito de dicho señor maestro Vicente, en testimonio de lo cual escribo esta con mi propia mano y pongo colgando mi sello.

3 Yo, Bonifacio Ferrer, Doctor en Decretos, prior de la Cartuja, [reproduce literalmente lo escrito en cursiva en el voto anterior].

4 Yo, Bernardo de Gualbes, Doctor en ambos Derechos, [lo mismo que el voto anterior].

5 Yo, Berenguer de Bardají, [lo mismo que el voto anterior].

6 Yo, Francisco Aranda, donado de Portaceli, de la Orden cartujana, [reproduce el texto de los cuatro votos anteriores salvo la fórmula final:] en testimonio de lo cual escribo ésta con mi propia mano, y pongo colgando el sello de dicho Prior de la Cartuja, pues no lo tengo propio.

7 Yo, Pedro Sagarriga, arzobispo Tarraconense, uno de dichos diputados, según mi saber y poder, digo: que aunque crea que dicho señor infante Fernando es más conveniente, por muchas consideraciones, que otro competidor para el gobierno de este Reino, sin embargo, con justicia, según Dios y buena conciencia, creo que al señor Duque de Gandía y a Jaime, conde de Urgel, como varones vivos, legítimos y descendientes por líneas masculina de la estirpe de dichos reyes de Aragón, ha de tomarse en derecho como mejores, y que a uno de estos dichos pertenece la sucesión de la Corona de dicho Reino; porque son iguales parientes en grado con el señor Rey muerto, creo que puede y debe preferirse de dichos señores Duque y Conde a aquél que sea más idóneo y conveniente para la República. Protesto, sin embargo, que con esto no entiendo hacer ningún perjuicio al derecho que D. Federico Luna tiene en el Reino de Tinacria o en Sicilia. En testimonio de lo cual, escribo ésta con mi propia mano y pongo colgando mi sello.

8 Yo, Guillermo de Vallseca, uno de dichos diputados, pienso lo mismo que el señor Arzobispo, que me precede inmediatamente. Sin embargo, añado esto: que en el caso que dicho señor Arzobispo dice, que debe ser preferido aquél de dichos señores Duque y Conde que sea más idóneo y conveniente para la República, yo añado: que entre otros iguales, dicho Conde, en mi opinión, ha de preferirse a dicho Duque; y digo esto a primera vista, porque en el tiempo en que estuve en Tortosa no pude deliberar plenamente sobre esto, como exige la calidad del negocio, por impedírmelo los dolores de gota y otros dolores. En testimonio de lo cual, escribo ésta, con mi propia mano y pongo colgando el sello de D. Bernardo de Gualbes, porque al presente no tengo el mío.

9 En negocio tan arduo y tan peligroso, considero imposible para mí, en tan breve espacio y tiempo, dar mi voto, y proceder con sana y sincera conciencia, por ser verdadero y cierto que tras el impedimento de D. Giner Rabasa, en cuyo lugar fui sobrogado a [...] del mes de mayo próximo pasado, es decir el 18 del mismo mes, comencé a entender y a dedicarme, inexperto y nuevo, en materia de tanto negocio, a partir de aquel tiempo. Desde entonces, dedicándome solícitamente, supe lo que nadie ignora; pero la gran multitud de actuaciones, alegaciones y escritos que por los abogados o por parte de los señores competidores fueron entregadas, en tan breve espacio y tiempo verlo y comprenderlo como la materia requiere, y desatar los nudos y dificultades en cuya consideración se ocuparon antes de este tiempo los más importantes y famosos abogados, y discernir la justicia del negocio con tranquila y segura conciencia, no puede, ni es verosímil que pudiera; e incluso apenas, para comprender, discutir y deliberar, examinando todo lo que hay que ver y deliberar, pueden bastar verosímilmente los meses corridos desde dicho tiempo. Por lo que mi actual exposición escribí con mi mano y le pongo mi sello. Yo, Pedro Bertrán.

(GARCÍA GALLO, A.: Manual de Historia del Derecho Español,  vol. II, pp. 842-844, Madrid, 1975).

 

jueves, 6 de enero de 2022

Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Texto: Las conquista de Tarik. Tema 28: Al-Andalus: política, sociedad y cultura.

 Oposición Geografía e Historia. Prácticas Historia de España. Comentario de Texto: Las conquista de Tarik. Al-Andalus: política, sociedad y cultura.

Conquistas de Tárik en la Península Ibérica:  

 Marchó enseguida Tárik a la angostura de Algeciras, y después a la ciudad de Ecija: sus habitantes, acompañados de los fugitivos del ejército grande, saliéronle al encuentro, y se trabó un tenaz combate, en que los musulmanes tuvieron muchos muertos y heridos. Dios les concedió al fin su ayuda, y los politeístas fueron derrotados, sin que los musulmanes volviesen a encontrar tan fuerte resistencia. Tárik bajó a situarse junto a una fuente que se halla a cuatro millas de Écija, a orillas de su río, y que tomó el nombre de "fuente de Tárik". 

 Infundió Dios el terror en los corazones de los cristianos cuando vieron que Tárik se internaba en el país, habiendo creído que haría lo mismo que Tarif, y huyendo hacia Toledo, se encerraron en ls ciudades de España. Entonces Julián se acercó a Tárik y le dijo. "Ya has concluido con España: divide ahora tu ejército, al cual servirán de guías estos compañeros míos, y marcha tú hacia Toledo". Dividió, en efecto, su ejército desde Ecija y envió a Moguits Ar-Romí, liberto (...) a Córdoba, que era entonces una de sus mayores ciudades, y es actualmente fortaleza de los muslimes, su principal residencia y capital del reino, con 700 caballeros, sin ningún peón, pues no había quedado musulmán sin caballo. Mandó otro destacamento a Rayya, otro a Granada, capital de Elvira, y se dirigió él hacia Toledo con el grueso de las tropas. 

 Moguits caminó hasta llegar a Córdoba y acampó en la alquería de Xecunda, en un bosque de alerces que había entre las alquerías de Xecunda y Tarçail. Desde aquí mandó algunos algunos de sus adalides, quienes cogieron y llevaron a su presencia un pastor que andaba apacentando su ganado en el bosque. Pidíole Moguits noticias de Córdoba, y dijo que la gente principal había marchado a Toledo, dejando en la ciudad al gobernador con 400 defensores y la gente de poca importancia. Después le preguntó por la fortaleza de sus murallas, a lo que contestó que eran bastante fuertes, pero que sobre la puerta de la Estatua, que es la del puente, había una hendidura, que les describió. Llegada la noche, se acercó Moguits y favoreciendo Dios su empresa con un fuerte aguacero, mezclado con granizo, pudo con la oscuridad aproximarse al río, cuando los centinelas habían descuidado la guardia por temor al frío y a la lluvia, y sólo se escuchaban algunas voces de alerta, dadas débilmente y a largos intervalos. Pasó la gente el río, que sólo distaba del muro 30 codos, o menos, y se esforzaron por subir a una muralla: más como no encontrasen punto de apoyo, volvieron a buscar al pastor, y habiéndole traído, les indicó la hendidura, que si bien no estaba a la haz de la tierra, tenía debajo una higuera. Entonces se esforzaron por subir a ella, y después de algunas tentativas, un musulmán logró llegar a lo alto. Moguits le arrojó la punta de su turbante, y por este medio treparon muchos al muro. Montó Moguits a caballo y se colocó delante de la puerta de la Estatua, por la parte de afuera, después de haber dado orden a los que habían entrado de que sorprendiesen la guardia de esta puerta, que es hoy la del puente: en aquel tiempo estaba destruído y no había puente ninguno en Córdoba. Los muslimes sorprendieron, en efecto, a los que guardaban la puerta de la Estatua, llamada entonces de Algeciras, mataron a unos y ahuyentaron a otros (...) Moguits se dirigió al palacio del rey, más éste al saber la entrada de los musulmanes, había salido por la puerta occidental de la ciudad, llamada puerta de Sevilla, con sus 400 o 500 soldados y algunos otros, y se habían guarecido en una iglesia dedicada a San Acisclo, que estaba situada en la parte occidental y era firme, sólida y fuerte. Ocupó Moguits el palacio de Córdoba, y al siguiente día salió y cercó al cristiano en la iglesia, escribiendo a Tárik la nueva conquista. 

 El destacamento que fue hacia Rayya la conquistó, y sus habitantes huyeron a lo más elevado de los montes; marchó enseguida a unirse con el que había ido a Elvira, sitiaron y tomaron su capital y encontraron en ella muchos judíos. Cuando tal les acontecía, en una comarca reunían todos los judíos de la capital y dejaban con ellos un destacamento de musulmanes, continuando su marcha el grueso de las tropas. Así lo hicieron en Granada, capital de Elvira, y no en Málaga, capital de Rayya, porque en ésta no encontraron judíos ni habitantes, aunque en los primeros momentos de peligro allí se habían refugiado. 

 Fueron después a Todmir, cuyo verdadero nombre era Orihuela, y se llamaba Todmir del nombre de su señor (Teodomiro), el cual salió al encuentro de los musulmanes con un ejército numeroso, que combatió flojamente, siendo derrotado en un campo raso, donde los musulmanes hicieron una matanza tal, que casi los exterminaron. Los pocos que pudieron escapar huyeron a Orihuela, donde no tenían gente de armas ni medio de defensa; más su jefe Todmir, que era hombre experto y de mucho ingenio, al ver que no era posible la resistencia con las pocas tropas que tenía, ordenó que las mujeres dejasen sueltos sus cabellos, les dió cañas y las colocó sobre la muralla de tal forma que pareciesen un ejército, hasta que él ajustase las paces. Salió en seguida a guisa de parlamentario, pidiendo la paz que le fue otorgada (...) Después de haber puesto en noticia de Tárik las conquistas alcanzadas y de haber dejado allí (con Teodomiro) algunas tropas (...) marchó el grueso del destacamento hacia Toledo para reunirse con Tárik. 

 Moguits permaneció tres meses sitiando a los cristianos en la iglesia, hasta que una mañana vineron a decirle que el cristiano (principal) había salido, huyendo a rienda suelta en dirección a la sierra de Córdoba, a fín de reunirse con sus compañeros en Toledo, y que había dejado en la iglesia a sus soldados. Moguits salió en su persecución sólo y le vió que huía en su caballo, (...) llegó a un barranco donde su caballo cayó y se desnucó. Cuando llegó Moguits (...) se entregó prisionero, siendo el único de los reyes cristianos que fue aprehendido, pues los restantes o se entregaron por capitulación o huyeron a Galicia. Después volvió Moguits a la iglesia, hizo salir a todos los cristianos y mandó que les cortasen la cabeza, tomando entonces esta iglesia el nombre de la iglesia de los prisioneros. El cristiano principal permeneció preso para ser conducido ante el emir de los creyentes. Reunió Moguits en Córdoba a los judíos, a quienes encomendó la guarda de la ciudad, distribuyó en ella a sus soldados y se aposentó en el palacio. 

 Tárik llegó a Toledo, y dejando allí algunas tropas, continuó su marcha hacia Gudalajara, después se dirigió a la montaña, pasándola por el desfiladero que tomó su nombre, y llegó a una ciudad que hay en la otra parte del monte, llamada Almeida (La Mesa), nombre debido a la circunstancia de haberse encontrado en ella la mesa de Salomón, hijo de David, cuyos bordes y pies, en número de 365, eran de esmeralda verde. Llegó después a la ciudad de Amaya, donde encontró alhajas y riquezas, y (...) volvió a Toledo en el año 93. 

AJBAR MACHMUA (Colección de tradiciones), "Crónica anónima del siglo XI", Trad. E. Lafuente, Col. Obras arábigas de Historia y Geografía, Madrid, 1867, pp. 20-31. Recoge C. SANCHEZ ALBORNOZ y A. VIÑAS, "Lecturas históricas españolas", Madrid, 1981, pp. 35-37.